Suplemento a la Plataforma Organizativa (Preguntas y Respuestas) – Grupo de Anarquistas Rusos en el Extranjero (Delo Truda)

SUPLEMENTO A LA PLATAFORMA ORGANIZATIVA (PREGUNTAS Y RESPUESTAS) 

Grupo de Anarquistas Rusos en el Extranjero (Comité Editorial de Delo Truda)

Como era de esperar, la Plataforma Organizativa para una Unión General de Anarquistas ha despertado un vivo interés entre los muchos militantes del movimiento libertario ruso. Mientras algunos suscriben de lleno a la idea general y a las tésis fundamentales de la “Plataforma”, otros elaboran críticas y expresan desconfianza sobre algunas de sus tésis.

Saludamos igualmente a la recepción positiva de la Plataforma como a las críticas sinceras a ella. Porque, en el esfuerzo de crear un programa anarquista completo, así como una organización anarquista cabal, la crítica honesta, seria y sustancial, es tan importante como las iniciativas creadoras positivas.

Las preguntas que reproducimos a continuación, emanan precisamente de esa clase de criticas serias y necesarias, y es con cierta satisfacción que les damos la bienvenida. Al hacérnoslas llegar, su autora (1) -una militante que se ha mantenido por bastantes años, bien respetada en nuestro movimiento- adjunta una carta en que dice:

“Obviamente, la Plataforma Organizativa está diseñada para ser discutida por todos los anarquistas. Antes de formular cualquier opinión definitiva sobre esta ‘Plataforma’ y, quizás, antes de hacer mención a ella en la prensa, quisiera fueran explicados ciertos aspectos que están insuficientemente explicitados en ella. Podría bien ser el caso, que otros lectores encuentren en la ‘Plataforma’ un considerable grado de precisión, y que ciertas objeciones no se basen más que en malentendidos. Es por esta razón que quisiera hacer una serie de preguntas a ustedes antes que nada. Es muy importante que ustedes respondan de manera clara, pues serán sus respuestas las que den un entendimiento del espíritu general de la ‘Plataforma’. Quizás vean la necesidad de responder en su revista.”

Al terminar su carta, la compañera agrega que desea evitar la controversia en las columnas de la revista Delo Truda. Es por esto que ella busca, sobre todo, la clarificación de ciertos puntos esenciales de la Plataforma. Esta clase de aproximación es bastante justa. Es demasiado fácil lanzarse a la polémica con el fin de oponerse a una visión con la cual se cree estar en desacuerdo. Es aún más fácil preocuparse solamente de polemizar, sin molestarse en elaborar ninguna sugerencia positiva como alternativa, en lugar de la visión criticada. Lo que es infinitamente más difícil, es analizar apropiadamente la nueva propuesta, para comprenderla, a fin de llegar a una opinión bien fundada sobre ella. Es exactamente esta última y más difícil opción, la elegida por la autora de las preguntas.

Aquí están las preguntas:

1. El punto central de la Plataforma, es agrupar a la mayoría de los militantes del movimiento anarquista, sobre la base de una táctica y una línea política común: la formación de una Unión General. Ya que ustedes son federalistas, aparentemente tienen en mente una Unión que agrupe a grupos autónomos. Ahora bien, ustedes también tienen en mente la existencia de un Comité Ejecutivo que se hará cargo de la “conducta ideológica y orgánica en la actividad de los grupos aislados”. Ese tipo de organización se encuentra en todos los partidos, pero es posible sólo si uno acepta el principio de mayoría. En su organización, ¿cada grupo será libre de prescribir sus propias tácticas y establecer su propia posición ante cada asunto dado? Si la respuesta es afirmativa, entonces su unidad será de carácter puramente moral (como ha sido, y aún es el caso, en el movimiento anarquista). Si, por otra parte, ustedes buscan unidad organizativa, esa unidad, por necesidad, será coercitiva. Y luego, si ustedes aceptan el principio de mayoría en su organización, ¿sobre que bases lo pueden repudiar en el proceso de construcción social? Sería deseable que a futuro clarifiquen sus conceptos de vínculo federativo, del rol de los Congresos y del principio de mayoría.

2. Hablando del “régimen libre de los soviets”, ¿qué funciones creen ustedes que estos soviets debieran realizar, a fin de convertirse en “los primeros pasos en dirección a una actividad constructiva no-estatal”? ¿Cuáles serían sus tareas? ¿Serían sus decisiones obligatorias?

3. La Plataforma dice, “los anarquistas deben guíar los eventos desde un punto de vista teórico”. Esta posición no está suficientemente clara. ¿Significa simplemente que los anarquistas harán lo máximo para que las organizaciones que construirán el nuevo orden (sindicatos, organizaciones locales, cooperativas, etc.) estén imbuídas de ideas libertarias? ¿O significa que los mismos anarquistas tomen a cargo esta construcción? De ser el último caso, ¿cómo diferiría ese estado de cosas de una “dictadura de partido”? Es muy importante aclarar este asunto. Especialmente, porque las mismas preguntas aparecen respecto al rol de los anarquistas en los sindicatos. ¿Qué significa la expresión: entrar a los sindicatos de manera organizada? ¿Significa meramente que los camaradas que trabajan en los sindicatos deban llegar a un cierto acuerdo para establecer una línea política? ¿O significa que el Comité Ejecutivo anarquista prescribirá la táctica del movimiento obrero, determinará las huelgas, movilizaciones, etc., y que aquellos anarquistas activos en los sindicatos intentarán asumir posiciones de liderazgo y, haciendo uso de su autoridad, forzarán estas decisiones entre los miembros comunes del sindicato? La mención que se hace en la “Plataforma”, de que la actividad de los grupos anarquistas activos en los círculos sindicales sea guiada por una organización general anarquista, levanta toda clase de suspicacias a este respecto.

4. En la sección sobre la defensa de la revolución, se declara que el ejército debe estar subordinado a las organizaciones obreras y campesinas en todo el territorio, sostenidos por las masas en posiciones que velen por la vida económica y social del país. En lenguaje cotidiano, esto se llama “autoridad civil” de los electos. ¿Qué significa esto para ustedes? Resulta obvio que una organización que de hecho dirige el conjunto de la vida, y que puede comandar a un ejército no es otra que un poder estatal. Este punto es tan importante, que los autores de la “Plataforma” tienen el deber de extenderse en él. Si se tratara de una “forma transicional”, ¿cómo es que la plataforma rechaza la idea de un “período de transición”? Y si se tratara de una forma definitiva, ¿qué tendría la “plataforma” de anarquista?

5. Quedan algunas interrogantes que, si bien no son tratadas en la “Plataforma”, sin embargo, juegan un importante papel en los desacuerdos entre compañeros. Déjeseme citar algunas de estas interrogantes:Supongamos que una región se encontrara efectivamente bajo la influencia de los anarquistas. ¿Cuál sería su actitud hacia los otros partidos? ¿Contemplan, los autores de la Plataforma, la posibilidad de usar la violencia en contra de un enemigo que no tiene recurso de armas? ¿O, siendo consecuentes con las ideas anarquistas, proclaman la indisoluble libertad de expresión, de prensa, de organización, etc., para todos? (Hace algunos años, semejante pregunta habría parecido fuera de lugar. Pero en el presente, ciertas posiciones de las cuales estoy al tanto, me impiden estar segura de la respuesta).Y hablando en general, ¿es aceptable que las decisiones propias sean implementadas por la fuerza? ¿Los autores de la “Plataforma”, contemplan el ejercicio del poder, aunque sea por un instante?

Sean cuales sean las respuestas del grupo a estas interrogantes, no puedo callarme sobre ninguna idea en la “Plataforma” que esté abiertamente en contradicción con el comunismo anarquista que profesa.Ustedes especulan que una vez que el sistema de trabajo asalariado y la explotación sean abolidos, quedarán, sin embargo algunos ciertos elementos no-obreros, y a estos los excluyen de la fraternal unión colectiva de los trabajadores: no tendrán credenciales para compartir el producto común. Ahora bien, siempre fue uno de los principios fundamentales del anarquismo “A cada cual según sus necesidades”: y fue ese principio el que el anarquismo siempre contempló como la mejor garantía de la solidaridad social. Cuando se enfrentaban a la pregunta: “¿Qué harán con los ociosos?”, siempre se contestó: “Mejor es alimentar a unos cuantos ociosos a cambio de nada, que introducir, solo por que éstos existen, algún principio falso y dañino en la vida social”.

Ahora ustedes crean, por razones políticas, una suerte de categoría de ociosos, y por vías represivas, los harían morir de hambre. Pero aparte de los aspectos morales, ¿se han detenido a considerar a que nos llevaría todo esto? En el caso de aquellos que no trabajan, deberemos establecer sobre qué bases ellos no trabajan: deberíamos convertirnos en lectores de mentes y probar sus creencias. De negarse alguien a desarrollar una determinada tarea, deberíamos investigar en las razones por qué se niega. Deberíamos determinar si no se trata de sabotaje o contrarrevolución. ¿El resultado? Espionaje, trabajo forzado, “reclutamiento laboral” y, como corolario, ¡los productos vitales para la subsistencia estarían en manos de autoridades capaces de hambrear a la oposición hasta matarle!

¡Las raciones serían un arma en la lucha política! ¡Cómo puede ser que lo que han visto en Rusia no los haya persuadido de la abominable naturaleza de tales disposiciones! Y no estoy hablando del daño que podría hacer al destino de la revolución: tal quiebre brutal de la solidaridad social no podría ayudar sino a criar enemigos peligrosos.Es en relación a este problema, donde se encuentra la llave a toda la concepción anarquista de organización social. Si uno tuviera que hacer concesiones sobre este punto, rápidamente se estaría dispuesto a abandonar todo el resto de las ideas anarquistas, ya que su aproximación al problema hace que cualquier forma de organización social no-estatalista resulte imposible.

Puede ser que tenga que escribir a la prensa sobre la “Plataforma”. Pero preferiría postergar esto, hasta que todas estas áreas grises hayan sido aclaradas.Por tanto, la Plataforma organizativa ha suscitado una serie de preguntas sustantivas expuestas en la citada carta, principalmente:

1. La cuestión de las mayorías y minorías en el movimiento anarquista;

2. Sobre la estructura y rasgos esenciales del régimen libre de los soviets;

3. Sobre la guía ideológica de los eventos y de las masas;

4. Sobre la defensa de la revolución;

5. Sobre la libertad de prensa y libertad de palabra; y,

6. Sobre la construcción social en base al principio anarquista de a cada cual según sus necesidades.

Procederemos a contestar en orden:

1. La cuestión de las mayorías y las minorías en el movimiento anarquista. La autora se aproxima a esta cuestión ligándola a nuestra idea de un Comité Ejecutivo en la Unión. Si el Comité Ejecutivo de la Unión tiene, entre otras funciones de naturaleza ejecutiva, aquella de “guiar la actividad de los grupos aislados desde un punto de vista teórico y orgánico”, ¿puede esa guía no ser coercitiva? Entonces: ¿son libres los grupos afiliados a la Unión de prescribir sus propias tácticas y determinar su propia posición con respecto a cada tema particular? ¿O debieran estar obligados a cumplir una táctica general y una posición general determinada por la mayoría de la Unión?

Permítasenos decir, antes que nada, que en nuestra opinión, el Comité Ejecutivo de la Unión no puede ser un cuerpo dotado de ningún poder de naturaleza coercitiva, como en el caso de los partidos políticos centralistas. El Comité Ejecutivo de la Unión General de Anarquistas es un cuerpo que desarrolla funciones de naturaleza general en la Unión. En vez de “Comité Ejecutivo”, este cuerpo podría ser llamado “Secretariado General de la Unión” Sin embargo, hemos preferido el nombre “Comité Ejecutivo”, porque contiene mejor la idea de función ejecutiva y de iniciativa. Sin limitar, de ninguna manera, los derechos de los grupos aislados, el Comité Ejecutivo podrá ser capaz de guiar su actividad en un sentido teórico y orgánico. Pues siempre habrá grupos en el seno de la Unión que se sentirán sobrepasados por varios asuntos tácticos, para lo cual la asistencia ideológica y orgánica será siempre necesaria para ciertos grupos. No es necesario decir que el Comité Ejecutivo estará bien situado para dar esa asistencia, pues será, en virtud a su condición y sus funciones, el más imbuído con la linea organizativa y táctica adoptada por la Unión sobre una variedad de asuntos.

Pero, si aún entonces, algunas organizaciones o lo que fuera, indicaran un deseo de seguir su propia linea táctica, ¿Podría el Comité Ejectuivo, o la Unión en su conjunto, estar en posición de evitarles hacer esto? En otras palabras, ¿La línea política y táctica de la Unión emana de la mayoría, o cada grupo estará facultado para operar según le parezca correcto, habiendo varias lineas en la Unión?

Como regla, creemos que la Unión, como un solo cuerpo, debe tener tener una linea táctica y política única. De hecho, la Unión ha sido concebida con el propósito de poner fin a la dispersión y desorganización del movimiento anarquista, siendo su intención forjar, en lugar de una multiplicidad de lineas tácticas que generan fricciones internas, una linea política general, que habilite a los elementos libertarios a buscar una dirección común para que sean más exitosos a la hora de alcanzar su objetivo. En ausencia de lo cual la Unión habría perdido una de sus principales razones de ser.

Sin embargo, habrán momentos en que las opiniones de los miembros de la Unión sobre tal o cual cuestión, estén divididas, lo que dará paso a la conformación de una visión mayoritaria, y una visión minoritaria. Tales situaciones son un lugar común en la vida de todas las organizaciones y de todos los partidos. Frecuentemente, se busca una solución para tal situación.

Creemos, antes que nada, que por el bien de la unidad de la Unión, la minoría debiera, en tales casos, hacer concesiones a la mayoría. Esto podría ser fácilmente alcanzable en casos de diferencias de opinión insignificantes entre la mayoría y la minoría. Pero si la minoría considerara que sacrificar su punto de vista es imposible, entonces, estaría la posibilidad de tener dos opiniones y tácticas divergentes en el seno de la Unión: una visión y una táctica mayoritaria, y una visión y táctica minoritaria.

En cuyo caso, la posición debiera estar bajo el escrutinio de la Unión como un todo. Si, después de dar la discusión, la existencia de dos visiones divergentes sobre el mismo asunto fuera juzgado como un hecho factible, la coexistencia de aquellas dos opciones será aceptada como un hecho.

Finalmente, en la eventualidad de que un acuerdo entre la mayoría y la minoría sobre los asuntos tácticos y políticos que los separan demuestre ser imposible, habría un quiebre entre la mayoría, y la minoría que formaría una organización aparte.

Tales son los tres posibles resultados en la eventualidad de un desacuerdo entre una mayoría y una minoría. En todos los casos, el problema no sería resuelto por el Comité Ejecutivo, el cual, permítasenos repetir, es sencillamente un órgano ejecutivo de la Unión, sino por toda la Unión como conjunto: en instancia de alguna Conferencia o Congreso de la Unión.

2. El régimen libre de los Soviets. Repudiamos el actual estado de los Soviets (Bolchevique), porque representa solo una determinada forma política del Estado. Los soviets de diputados obreros y campesinos son una forma de organización política estatal controlada por un partido político. En oposición a lo cual, proponemos organizaciones soviéticas de producción y consumo de obreros y campesinos. Eso significa la consigna: régimen libre de soviets y de comités de fábricas. Consideramos que tal régimen representa un esquema social y económico en el que todas las partes y funciones de la vida económica y social están concentradas en manos de las organizaciones de producción y consumo de los trabajadores, las que realizarán esas funciones sin perder de vista la satisfacción de las necesidades del conjunto de la sociedad de trabajadores. Una Federación de tales organizaciones y sus soviets, prescindiría del Estado y del sistema capitalista, y sería el punto de quiebre del régimen de soviets libres. Podemos estar seguros de que este régimen no representará instantáneamente de cuerpo entero el ideal de la comuna anarquista, pero será la primera demostración, el primer ensayo práctico de aquella comuna, y nos llevará a la era de la creatividad libre y no-estatalista de los explotados.

Somos de la opinión que, respecto a las decisiones relativas a los diversos aspectos de la vida social y económica, los soviets de organizaciones de obreros y campesinos o de comités de fábrica las observarán, no mediante violencia y decretos , sino que de común acuerdo con las masas trabajadoras, que estarán directamente involucradas a la hora de tomar decisiones. Aquellas decisiones, sin embargo, deberán ser acatadas por todos quienes votan por ellas y por quienes las respaldan.

3. Los anarquistas guiarán a las masas y a los eventos respecto a la teoría. La acción de guiar a los elementos revolucionarios y al movimiento revolucionario de las masas, en términos de las ideas, no puede y no debe ser considerada como una aspiración de parte de los anarquistas de querer tomar la construcción de la nueva sociedad en sus propias manos. Tal construcción no puede ser llevada a cabo sino por el conjunto de la sociedad que labora, pues tal tarea le pertenece solo a ella, y cualquier intento de despojarle de ese derecho, debiera ser condenado como anti-anarquista. La cuestión de la conducción ideológica, no dice relación con la construcción socialista, sino con con la influencia teórica y política que se debe ejercer sobre la marcha revolucionaria de los eventos políticos. Ni seríamos revolucionarios, ni seríamos luchadores, si no tomaramos interés en el carácter y el tenor de la lucha revolucionaria de las masas. Y ya que el carácter y el tenor de aquella lucha están determinadas no sólo por factores objetivos, sino también por factores subjetivos, o sea, por la influencia de una variedad de grupos políticos, tenemos el deber de hacer todo cuanto podamos para ver la influencia ideológica del anarquismo maximizada sobre la marcha de la revolución.

La actual “era de revoluciones y guerras” expone este gran dilema con una excepcional agudeza: los eventos revolucionarios evolucionarán ora bajo el influjo de las ideas estatalistas (aunque sean estas socialistas), ora bajo el influjo de ideas no estatalistas (anarquistas). Y, ya que somos inconmovibles en nuestra convicción de que la corriente estatalista ocasionará la derrota de la revolución y encausará a las masas a una renovada esclavitud, nuestra tarea se desprende de ello con implacable lógica: hacer todo cuanto está a nuestro alcance, para ver la revolución moldeada en base a tendencias anarquistas. Ahora bien, nuestra antigua forma de operar, esa aproximación primitiva, que descansa en pequeños grupos dispersos, no sólo no llevará a cabo esa tarea, sino que, de hecho, la entorpecerá. Entonces, debemos proceder en base a un nuevo método. Debemos orquestar la fuerza de la influencia teórica del anarquismo sobre la marcha de los eventos. En lugar de ser una influencia intermitente, sentida mediante acciones mínimas e inconexas, debe convertirse en un factor poderoso y constante. Esto, según nuestro parecer, escasamente puede ser posible, a menos que los mejores de entre los militantes anarquistas, tanto en términos teóricos como prácticos, se organizen en un cuerpo capaz de acciones vigorosas y bien asentado en términos teóricos y tácticos: en una Unión General de Anarquistas. Es en este mismo sentido que la guía, en términos teóricos, sobre el sindicalismo revolucionario, debe ser entendida. Entrar a los sindicatos de manera organizada, significa entrar como portadores de una cierta teoría, de un plan de trabajo prescrito, trabajo el cual debe ser estrictamente compatible, en este caso, con cada anarquista operando adentro del sindicato. La Unión Anarquista escasamente se molestará en prescribir tácticas para el resto del movimiento obrero o en trazar planes de huelgas y movilizaciones. Pero deberá diseminar en el seno de los sindicatos sus ideas en relación a las tácticas revolucionarias de la clase obrera y en diversos eventos: eso constituye uno de sus derechos inalienables. Sin embargo, en el esfuerzo de propagar sus ideas, los anarquistas deberán estar en estricto acuerdo, tanto unos con otros, como con los esfuerzos de la organización anarquista general a la que pertenecen y en nombre de la cual desarrollarán el trabajo ideológico y organizativo dentro del sindicato. La conducción de los esfuerzos libertarios de manera organizada en el seno de los sindicatos, y asegurando que los esfuerzos anarquistas coincidan, no tiene nada que ver con procedimientos autoritarios.

4. La objeción pronunciada que hace la autora a la tésis del programa en relación con la defensa de la revolución, está, más que ninguna otra, basada en un malentendido. Habiendo enfatizado, en un contexto de guerra civil, la necesidad y la inevitabilidad de que los explotados creen su propio ejército revolucionario, la Plataforma afirma, además, que ese ejército debe estar subordinado a la dirección general de las organizaciones productoras de obreros y campesinos.

La subordinación del ejército a estas organizaciones, no implica en absoluto la idea de una autoridad civil electa. En absoluto. Un ejército, aún siendo el más revolucionario y el más popular de los ejércitos, en términos de su mentalidad y de sus títulos, no puede, sin embargo, existir y operar por su propia cuenta, sino que debe dar cuenta de su actividad a alguien. Siendo un organismo para la defensa de los derechos de los trabajadores y de sus posiciones revolucionarias, este ejército debe, por esta sola razón, estar completamente subordinado a los trabajadores y debe ser guiado por ellos, políticamente hablando. (Enfatizamos, políticamente hablando, porque cuando se trata de su dirección estratégica y militar, esto sólo puede ser definido por cuerpos militares en las filas del propio ejército, que deben dar cuenta a las organizaciones obreras y campesinas).

¿Pero a quién debe estar sujeto este ejército directamente, en términos políticos? Los trabajadores no son un único cuerpo. Estarán representados por múltiples organizaciones económicas. Es a estas organizaciones, en la forma de sus agencias federales generales, a las que el ejército estará subordinado. El carácter y las funciones sociales de estas agencias han sido definidos en el transcurso de las presentes respuestas.

La noción de un ejército revolucionario de trabajadores puede ser aceptada o rechazada. Pero de ser el ejército aceptado, entonces, debe aceptarse el principio de la subordinación de aquel ejército a las organizaciones obreras y campesinas, indistintamente. No podemos prever ninguna otra solución posible a esta situación.

5. Libertad de prensa, libertad de palabra, libertad de organización, etc. El proletariado victorioso no debe acallar ni la libertad de palabra, ni la libertad de prensa, ni siquiera la de aquellos enemigos y opresores de antaño, derrotados entonces por la revolución. En aún menos aceptable, que haya acallamiento de la libertad de prensa y de palabra a los socialistas revolucionarios y grupos anarquistas entre las filas del proletariado victorioso.

La libertad de prensa y de palabra es esencial para los trabajadores, no simplemente para que se ilustren y entiendan mejor las tareas involucradas en los esfuerzos constructivos sociales y económicos, sino que también con vista a discernir mejor las características, argumentos, planes e intenciones esenciales de sus enemigos. Es falso que la prensa capitalista y de otros oportunistas pueda desviar a los trabajadores revolucionarios. Los últimos serán bien capaces de descifrar y exponer a la prensa falaz y de darle la respuesta que se merece. La libertad de prensa y la libertad de palabra, sólo pueden asustar a aquellos como los capitalistas o como los comunistas (ed. Se refieren al Partido Comunista ruso que suprimió toda otra tendencia de izquierda luego de asumir el poder) que sobreviven gracias a prácticas sucias, que se ven forzados a ocultar de los ojos de las muchedumbres obreras. Respecto a los trabajadores, la libertad de prensa será un tremendo favor para ellos. Les habilitará para prestar oído a todo, para juzgar por sí mismos, haciendo su comprensión más profunda y su acción más efectiva.

La monopolización de la prensa y del derecho a usar la palabra, o su limitación a estar apretada en los confines de los dogmas de un único partido, pone fin a toda confianza en los monopolistas y en su prensa. Si la libertad de palabra es estrangulada, es porque existe un deseo de ocultar la verdad: algo estrepitósamente demostrado por los Bolcheviques, cuya prensa depende de sus bayonetas y es leída sólo por necesidad, al carecerse de cualquier otra.

Sin embargo, puede haber circunstancias específicas en que la prensa, o más bien, los abusos de la prensa, puedan ser restringidos sobre la base de la utilidad revolucionaria. Como ejemplo, podemos citar un episodio de la era revolucionaria en Rusia. En el mes de Noviembre de 1919, la ciudad de Ekaterninoslavia (2) estuvo en manos del Ejercito insurgente Makhnovista. Pero al mismo tiempo, estaba rodeada por tropas de Denikin (3) quienes, habiéndose atrincherado en el banco izquierdo del Dniépr (4), en el área entre las ciudades de Amur y Nizhnedneprovsk, estaban bombardeando continuamente a Ekaterinoslavia desde cañones montados en sus trenes blindados. Y una unidad Denikinista, encabezada por el general Slashchev, estaba simultáneamente avanzando hacia Ekaterinoslavia por el norte, desde el área alrededor de Kremenchug. En ese momento, aparecían los siguientes periódicos en Ekaterinoslavia, gracias a la libertad de palabra: el órgano makhnovista Put k Svobode (“Camino a la Libertad”), el de los Social-revolucionarios (5) de derecha, Narodovlastie (“Poder Popular”), el de los Social-revolucionarios de izquierda ucranianos, Borotbá (“Lucha”), y el órgano Bolchevique Izvestia (“Estrella”). Sólo los Cadetes, los entonces líderes espirituales del movimiento Denikinista, no tenían periódico. Ahora bien, imaginemos que los Cadetes hubieran querido publicar entonces, en Ekaterinoslavia, su propio periódico, el cual, sin ninguna duda, hubiera sido un accesorio en las operaciones de Denikin, ¿debieran los trabajadores revolucionarios e insurgentes, haberles dado el derecho de publicar su periódico, aún en momentos en que su rol militar primordial en los eventos fuera evidente? Creémos que no.

En un contexto de guerra civil, tales casos aparecen en más de alguna ocasión. En estos casos, los obreros y los campesinos deberán guiarse, no sólo por el amplio principio de la libertad de prensa y de palabra, sino que por el rol que los portavoces enemigos tomen en relación con la lucha militar en curso.

Hablando en general, y con la excepción de casos extraordinarios (como durante una guerra civil), los obreros victoriosos deberán otorgar libertad de palabra y de prensa, tanto a las opiniones de izquierda, como a las opiniones de derecha, indistintamente. Tal libertad será un orgullo y una felicidad en la sociedad de trabajadores libres.

Los anarquistas aceptan la violencia revolucionaria en la lucha contra el enemigo de clase. Urgen a los trabajadores a hacer uso de ella. Pero jamás aceptarán hacerse del poder, aunque más no sea por un instante, ni imponer sus decisiones sobre las masas por la fuerza. En relación a esto, sus métodos son: propaganda, la fuerza de los argumentos y la persuadir con los escritos y con la palabra.

6. La interpretación adecuada del principio anarquista: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”

Sin lugar a dudas, este principio es piedra angular del anarquismo comunista (Ver la “Plataforma”). Ningún otro precepto económico, social o legal refleja tan bien como este el ideal del Comunismo Anárquico. La Plataforma agrega además que: “la Revolución Social, que debe apuntar a la reconstrucción de todo el orden social establecido, debe salvaguardar que las necesidades básicas de todos sean satisfechas”. Sin embargo, esta es una declaración de principios amplia sobre el asunto de un régimen anarquista. Debe ser distinguida de las demandas prácticas de los primeros días de la Revolución Social. Como las experiencias de la Comuna de París y de la Revolución Rusa han demostrado, las clases poseedoras son golpeadas, pero no definitivamente. En los primeros días, sólo una idea los obsesiona: agruparse, acabar con la revolución y restaurar sus privilegios perdidos.

Siendo ese el caso, sería extremadamente riesgoso y fatalmente peligroso para la Revolución, compartir los productos disponibles en la zona revolucionaria de acuerdo al principio “a cada cual según sus necesidades”. Sería doblemente peligroso pues, aparte de la satisfacción que se daría a las clases enemigas de la revolución, lo cual sería moral y estratégicamente inconcebible, nuevas clases surgirían inmediatamente y éstas, al ver que la revolución provee las necesidades de todas las personas, preferirían el ocio al trabajo. Este doble peligro es algo que no puede ser sencillamente ignorado, porque rápidamente se aprovecharían de la revolución, a menos que se adopten medidas efectivas en contra de esto. La mejor medida, sería poner a las clases contrarrevolucionarias y parásitas a hacer algún trabajo útil. En una u otra esfera, de una manera u otra, estas clases tendrán que encontrarse un trabajo útil del que la sociedad tenga necesidad: y es su propio ed. Se refieren al Partido Comunista ruso que suprimió toda otra tendencia de izquierda luego de asumir el poder) derecho a tener su parte del producto de la sociedad que los forzará a ello, ya que no puede haber derechos que no impliquen ciertas obligaciones. Ese es el punto que aquel espléndido principio anarquista debe destacar. Propone, de manera notable, que se dé a cada individuo en proporción a sus necesidades, garantiza que cada individuo ponga sus fuerzas y facultades al servicio de la sociedad y no que no la sirva en absoluto a la sociedad.

Se hará excepción con los niños, con los ancianos, con los enfermos y los discapacitados. Justamente, la sociedad excusará a todas esas personas de su deber a trabajar, sin negarles la satisfacción de todas sus necesidades.

El entendimiento moral de los trabajadores se indigna profundamente con los principios de aquellos que toman de la sociedad según sus necesidades, pero que le dan a cambio según su estado de ánimo o, sencillamente, no dan nada a cambio: los trabajadores han sufrido por demasiado tiempo la aplicación de este absurdo principio, y es por esta razón que son inflexibles en este punto. Nuestro sentimiento de la justicia y de la lógica, también se indigna ante este principio.

Esta actitud cambiará completamente, en la medida en que la sociedad de productores libres se arraigue y cuando ya no queden clases saboteando la nueva producción por motivos de naturaleza contrarrevolucionaria, sino que solo queden un puñado de ociosos. Entonces podrá la sociedad hacer completamente realidad el principio anarquista “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”, pues sólo en base a este principio puede la sociedad asegurar su oportunidad de respirar la completa libertad y la genuina igualdad. Pero aún entonces, la regla general será que toda persona en sus plenas capacidades, que disfruta de derechos sobre los recursos materiales y morales de la sociedad, incurra en ciertas obligaciones respecto a la producción de éstos.

Bakunin, analizando este problema en su época, escribía, en plena madurez de su pensamiento y actividad anarquista (en 1871, según el camarada Nettlau)(6) : “Todos tendrán que trabajar, si es que quieren comer. Cualquier persona que se rehúse a trabajar, será libre de perecer de hambre, a menos que encuentre alguna asociación o localidad dispuesta a alimentarle, por lástima. Pero entonces, sería quizás justo no otorgarle ningún derecho político, ya que, siendo capaz de trabajar, su vergonzosa situación está establecida por opción propia y vive a costa del trabajo ajeno. Y no habrá más base para los derechos politicos y sociales que el trabajo desempeñado por cada individuo”.

Grupo de Anarquistas Rusos en el Extranjero

(Comité Editorial de Dielo Trouda)

2 de noviembre 1926

Traducido por Jose Antonio Gutierrez Danton

Notas del traductor:

1. Maria Isidine, pseudónimo de Maria Korn, también apodada Maria Goldsmidt. Anarquista y científica, discípula de las ideas comunistas anárquicas de Kropotkin. Hija de una madre narodniki (populistas rusos) y un padre de ideas positivistas. En 1903 funda en Ginebra, junto a otros anarquistas rusos en el extranjero, la revista mensual anarquista Jleb i Volia (“Pan y Libertad”). Además, produjeron importantes cantidades de literatura anarquista, que se distribuyeron en Rusia en vísperas de la revolución de 1905. Posteriormente, este grupo (de unos 50 exiliados rusos) se trasladaría a París, donde Maria Korn destacaría como oradora anarquista y contribuiría regularmente con artículos en distintos periódicos de exiliados rusos. En esta época, además, M. Korn realizaría estudios de psicología y biología en la Universidad Sorbona, titulándose como doctora en Ciencias Naturales en 1915. Apoyó la postura “defensista” de Kropotkin durante la Primera Guerra Mundial, tomando posición por la Entente. Debido a los problemas de salud de su madre, permanece en París después de la revolución de 1917. Se suicida en 1932, al caer en profunda depresión luego de la muerte de su madre.

2. En Ucrania.

3. Uno de los generales blancos que lucharon en el Frente Ucraniano contra la Revolución Rusa y por la re-implantación del Zarismo. Derrotado por los Makhnovistas a fines de 1919.

4. Río en Ucrania.

5. El Partido Social-Revolucionario, era un Partido Marxista ruso, formado en 1901, cuya principal diferencia con el Partido Socialdemócrata Ruso, era el énfasis que daban en la estrategia revolucionaria al campesinado, y al uso activo que hacían de la violencia revolucionaria en contra de los agentes del zarismo. Con este fin, formaron “Organizaciones de Combate” las cuales impulsaron audaces golpes contra elementos sobresalientes de la represión zarista. Al igual que los social-demócratas rusos, tenía un ala moderada, llamada de derecha, y un ala radical, llamada de izquierda.

6. Mención a Max Nettlau, historiador anarquista de origen austríaco (1865-1944). Nacido en Viena, pasó muchos años de su vida en distintos países europeos (Alemania, Suiza, Francia). Realizó importantes estudios biográficos sobre ciertos anarquistas de renombre, como Malatesta, Bakunin, Elisée Reclus y realizó algunas obras de importancia sobre el movimiento anarquista en distintos países. Por estos trabajos, recibió el apodo “el Herodoto de la Anarquía”. También divulgó parte importante de la obra de Bakunin, tradujendo algunas de sus obras, preparando ediciones con sus distintos trabajos y publicando cartas de interés. Los autores, citan uno de los trabajos de Bakunin divulgado y contextualizado por obra de Nettlau.

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