Observaciones sobre un Artículo de Camillo Berneri Acerca de la Plataforma – José Antonio Gutiérrez Danton

OBSERVACIONES SOBRE UN ARTÍCULO DE CAMILLO BERNERI ACERCA DE LA PLATAFORMA

José Antonio Gutiérrez Danton

La publicación de la Plataforma, por el Grupo Dielo Troudá, suscitó una encendida polémica en lo que quedaba del movimiento libertario después de la Primera Guerra Mundial y después de la derrota de las tendencias libertarias en la Revolución Rusa. Esta polémica se limitó a sectores del anarquismo francés, italiano y, por supuesto, a los anarquistas rusos, ucranianos, polacos y búlgaros. Sin embargo, en la polémica se dejó ver, ante todo, cuán básico, simplista, rígido y pobre era el nivel del anarquismo filosófico y de catecismo de ciertos “intelectuales” del movimiento libertario. La gran virtud de la Plataforma, es que no emana de ninguno de los “intelectuales” autorizados del movimiento libertario, sino de un grupo de militantes de base, con participación directa en la Revolución Ucraniana, cuyas lecciones son las que catalizan en el documento. La Plataforma es, entonces, fruto de la experiencia adquirida en los duros reveses sufridos por el movimiento libertario tras su derrota en la Revolución Rusa; esta experiencia, al parecer, fue demasiado dura de digerir para algunos de los “intelectuales” del movimiento, que no soportaron el duro choque de la teoría con la realidad, el paso de la propaganda revolucionaria a la acción propiamente tal. Al no asimilar la derrota y extraer lecciones de ella, muchos se encerraron en una especie de dogmatismo idealista, bastante alejado, por lo demás, de los principios originales del movimiento anarquista. Su anarquismo se alejó del campo de la lucha de clases y se transformó en una especie de religión, encerrada sobre sí misma y al márgen de los eventos y de las movimilizaciones populares. Principios eternos reemplazaron la evaluación crítica. El mejor ejemplo de esta posición es la “Respuesta” a la Plataforma editada por Volín y algunos de sus asociados. Muchos otros tomaron distancia, pues aún siendo críticos, fueron incapaces de transformar la crítica en una apuesta constructiva concreta anarquista, que fuera más allá de criticar filosóficamente a la Plataforma.

El artículo de crítica a la Plataforma publicado por Camillo Berneri es un ejemplo de este último fenómeno. Cierto es que Berneri es conocido por algunos de sus textos sobre la Revolución Española, los cuales, escritos en circunstancias muy diferentes, revelan un espíritu diferente en este autor. Pero en 1927, con un movimiento libertario cayéndose a pedazos en toda Europa, excepto España, con gran parte de las masas obreras que antaño llenaban los salones de reunión anarquistas afiliándose al Partido Comunista, el anarquismo se encontraba aislado de su base social de apoyo y del sustrato clasista que le había dado origen -no resulta extraño, entonces, que Berneri llegue a referirse al anarquismo como “aislado espiritualmente”. En este proceso, sumada la previa existencia de tendencias filosóficas diletantes, creo, se encuentra el origen del “anarquismo humanista” criticado por los seguidores de la Plataforma, que comienza a negar el indudable origen proletario de la doctrina anarquista. De una u otra manera, la pluma de Berneri refleja esta tendencia cuando critica que:

Los pensadores eminentes del anarquismo han encontrado, según la “Plataforma”, esta idea de la acción popular y no han hecho sino elaborarla y propagarla …No estoy en absoluto de acuerdo con la “Plataforma”. Que el anarquismo esté, en gran parte, representado y realizado en la acción insurreccional de las masas que destruyen el Estado y derrocan el dominio burgués, …estoy firmemente persuadido, pero en la acción popular insurreccional veo más “efectos” anarquistas que “instintos” anárquicos; no creo que la función de los anarquistas en la revolución deba limitarse a “suprimir los obstáculos” que se oponen a la manifestación de las voluntades de las masas; veo graves peligros y no pocas dificultades en los egoísmos municipales y corporativos.”

Berneri está de acuerdo en que es la propia acción, a veces inconciente, de los explotados la que ha dado el sustento sobre el cual el anarquismo se erige. Pero de ahí su argumento es simplista: que la Plataforma acepte el origen popular del anarquismo y que sus fundadores no hayan sino explicitado las tendencias y aspiraciones de las masas que con sus luchas convulsionaron la Europa del siglo XIX, según él quiere decir que la Plataforma acepta pasivamente cualquier idea caprichosa que se incube en las masas. Nada más alejado del espíritu de la Plataforma y del movimiento anarco-comunista; asumir el origen popular del anarquismo no quiere decir populismo. El anarquismo es una elaboración teórica a partir de la constatación de un polo libertario en el pueblo, que está en permanente tensión con el polo autoritario que, contradictoriamente, se presenta en ese mismo pueblo. Por tanto, el rol del anarquismo según la Plataforma está lejos de, simplemente, suprimir obstáculos a la voluntad de las masas; el rol del anarquismo es elaborar un proyecto político-revolucionario en el cual ese polo libertario, que no es exógeno al pueblo, sea el factor hegemónico, por sobre las tendencias autoritarias. De asumir los autores de la Plataforma una correspondencia mecánica entre la voluntad popular y el anarquismo, el tema central de la Plataforma, es decir, la necesidad de organizar políticamente al anarquismo, sería un tema superfluo. Es la ausencia de esa correspondencia mecánica la cual hace el tema de la organización absolutamente necesario.

Ese polo libertario existe y es fuerte, pero no está exento de contradicciones como hemos dicho. Y cuando esas contradicciones se desarrollan en algún proceso histórico crítico, no siempre el polo libertario se ve beneficiado. Cierto es que las masas sin dirección ideológica pueden derivar a extremos indeseables desde una perspectiva revolucionaria y libertaria. Son las masas las que linchaban a negros en EEUU hasta hace poco; son las masas las que produjeron el ascenso de Hitler; pero por ello es que los autores de la Plataforma precisamente, plantean que el rol del movimiento anarquista en términos de un liderazgo de ideas, el cual no se plantea desde una supuesta superioridad moralizante, sino que se debe hacer carne en la práctica concreta y militante cotidiana. El rol de dirección que la Plataforma visualiza para la organización anarquista no es un rol que se represente en el Estado o en la imposición de nuevas capas burocráticas por sobre el pueblo, sino que éste se debe hacer presente a nivel de base en las organizaciones populares y en sus luchas, participando en la exposición abierta de ideas y con la contribución práctica que exponga las ventajas del programa libertario; las masas son las que decidirán últimamente si tal programa es acertado o no.

Luego de estas líneas sigue una larga polémica con las opiniones de Kropotkin respecto a la asociacionismo libre como es expuesto en su obra cumbre, “La Conquista del Pan”. Estamos de acuerdo en que, frecuentemente, el optimismo de Kropotkin ignora las contradicciones que se puedan generar en la futura sociedad y eso, a la vez, tiene repercusiones en cómo los anarquistas visualizan los mecanismos libertarios medianter los cuales mañana se solucionarán los conflictos en la sociedad. Pero esa polémica no dice relación con los temas expuestos en la Plataforma. Sin embargo, algunas de sus opiniones críticas sobre Kropotkin arrojan luces sobre esa suerte de elitismo intelectual en que ciertos anarquistas se encerraron en esos años:

Kropotkin …vió el anarquismo integral, potencialmente, en el anarquismo relativo de las masas en rebelión o en las masas viviendo al márgen de la órbita estatal. Con ingenuo optimismo proyectó el segundo en la revolución social del porvenir y creyó que todo debería desarrollarse, no por una serie de experiencias más o menos felices, sino en un “abrir y cerrar de ojos”.

Que el anarquismo “relativo” de las masas en rebelión se traduzca en una revolución social constructiva de carácter libertario, no es responsabilidad de las masas en abstracto; es responsabilidad del segmento de esas masas que se identifica con tal programa. En lugar de asumir un optimismo ingenuo o un cierto desprecio hacia la acción destructiva/constructiva de los oprimidos en lucha, lo fundamental es ver cómo a ese movimiento espontáneo se le puede dar identidad dentro de una corriente histórica y luego ver cómo se puede asegurar que sus resultados signifiquen un salto cualitativo respecto a la situación que dió origen a la rebelión, es decir, como se superan las condiciones históricas del capitalismo. El rol de la organización político-revolucionaria es dar sustento y proyecciones a la espontaneidad.

Pero luego de toda su divagación en torno a Kropotkin, llega a reconocer uno de los principios que fundamenta y justifica las tésis centrales de la Plataforma, y es el hecho de que “la iniciativa popular no conserva siempre su impulso más allá del período insurreccional, de forma que hay que temer en gran manera el “dejar hacer” en el terreno político-administrativo“. Sólo que los autores de la Plataforma no temen: saben de las limitaciones de los movimientos espontáneos que ellos mismos han experimentado en Ucrania, pero saben también de sus cualidades. Y saben que la mejor manera de poder superar la espontaneidad sin caer en el anquilosamiento, es mediante la elaboración del anarquismo como una alternativa revolucionaria programática, cuyo programa es elaborado al calor de las luchas y permeable a la influencia de esas masas espontáneas. Es la práctica conciente, la cual elimina la posibilidad de un simple “dejar hacer” en el terreno político que tanto teme Berneri. Sólo así, el anarquismo puede volver a retomar la iniciativa como movimiento.

Pero Berneri en este artículo visualiza el problema de la iniciativa de otra manera: “Si el movimiento anarquista no adquiere el coraje de considerarse aislado espiritualmente, no aprenderá a actuar como iniciador y propulsor“. ¿Qué quiere decir “aislado espiritualmente”? No queda claro en la sentencia, pero del carácter general del artículo, se desprende que quiere decir que el anarquismo es un fenómeno exógeno, excepcional a la vida de las masas. Esta visión elitista del anarquismo, alejada del pueblo, entraña toda clase de peligros y desviaciones. El anarquismo que no se impregna del pueblo, que es ajeno a sus expresiones, que no se identifica con la tradición local de lucha, es un anarquismo sin base social, alienígena, al cual el pueblo fácilmente dará la espalda. Es el anarquismo de los predicadores en el desierto. Es el anarquismo que puede derivar a ideas reaccionarias por su distancia con el sentir popular. Nuestro anarquismo es algo más humilde que eso: nosotros somos parte del pueblo, vamos a él, aprendemos de la experiencia que éste ha forjado en su lucha (aunque no lleve el sello anarquista necesariamente), y por eso, nuestro anarquismo tiene cara y su rostro se identifica con las luchas populares. Esta situación da la posibilidad de que el anarquismo influya con algo más que opiniones moralizantes, transformándose en iniciador y propulsor. No hay un simple “ir al pueblo”; tenemos nuestro programa y nuestra práctica, pero ante todo, tenemos la necesaria apertura y flexibilidad que posibilitan el diálogo con otras tradiciones y con las masas.

Es necesario salir del romanticismo. Ver a las masas, diría, en perspectiva“, dice Berneri, y tiene razón. “No existe el pueblo homogéneo, sino gentes diversas, categorías“. Y debemos reiterar una vez más, por eso es necesaria la organización político-revolucionaria. “No existe la voluntad revolucionaria de las masas, sino momentos revolucionarios, en los cuales las masas son enormes palancas“. Y aquí debemos expresar ciertos reparos: ¿Qué entiende Berneri por “voluntad revolucionaria”? ¿Entiende un programa explícito y sin contradicciones que se expresa espontáneamente en las masas cuando éstas luchan? Si esto entiende, nos sumamos a él en que tal “voluntad revolucionaria” no existe así como así. Pero, tomado desde el punto de vista de la sociedad capitalista, ¿No es el deso del bienestar para todos, de asegurar a cada ser humano una vida digna y libre, un deseo revolucionario? Claro que si, puesto que para lograr materializar tales aspiraciones, es necesario limpiar el mundo de las profundas diferencias sociales, de los privilegios de unos pocos y de toda esa estructura que mantiene las desigualdades. Y para producir semejante acto de limpieza, es necesario el proceso revolucionario que barra las resistencias que la lucha por el bienestar y la libertad de todos generará en aquellos cuyos provilegios reposan sobre la miseria. Visto desde este punto de vista, la voluntad revolucionaria no es ajena a la voluntad o a la aspiración general de la mayoría del pueblo; nuestros deseos, necesidades y sueños son revolucionarios en potencia. Pero es necesario el desarrollo de la conciencia a partir de la cual el pueblo toma clara noción de que sus aspiraciones están reñidas con la misma naturaleza del sistema. Es en ese proceso de concientización en el cual la voluntad se focaliza explícitamente hacia la vía revolucionaria. Hay que recordar que todos los procesos revolucionarios que han existido, han sido guiados por aspiraciones muy simples (soberanía popular, paz, comida para todos, trabajo, etc.) que al encontrar la enconada oposición de la clase dominante y al haber agotado la opción reformista, no han dejado abiertas más puertas que aquellas conducentes a la Revolución Social.

Pero ese proceso es un proceso que ha operado desde adentro de la clase, ya que la “voluntad revolucionaria” es una maduración antes que un injerto desde afuera de la clase explotada. Afirmar lo contrario (que la voluntad revolucionaria es un producto extraño que se infunde a las masas desde el exterior), no sólo es contrario a la realidad: es elitista y lleva a la desviación leninista de implantar desde arriba un programa a espaldas de la voluntad popular, utilizando sus consignas y a las masas como trampolín hacia el poder -después de todo, Lenin afirmaba que el proletariado no podía generar conciencia revolucionaria, necesitando, por este motivo, del tutelaje de la intelligentzia. Si nuestro programa no se condice con la voluntad popular, si es impermeable a ella, muy mal por nuestro programa. Deberíamos entonces, seriamente, revisar en qué punto todo ha empezado a salir mal y nos distanciamos de quienes deben ser beneficiarios primordiales de nuestra acción y pensamiento. Porque nuestra revolución no se hace con indiferencia al pueblo, porque tenemos un estilo de trabajo en el cual nuestra vocación es la de generar movimiento desde la base y dar a las organizaciones populares un carácter de democracia directa, no podemos compartir la opinión de Berneri de que, en momentos revolucionarios, las masas simplemente sean “enormes palancas”. Tal concepción nuevamente, es rayana en el leninismo, con todas las deformaciones y el vanguardismo a ultranza que esta corriente política conlleva. Para nosotros, anarco-comunistas, las masas no son “palancas” instrumentalizables para alcanzar fines ajenos a ellas mismas; la organización revolucionaria anarquista no es un fin en sí mismo. Para nosotros, las masas son actores principales en momentos revolucionarios, son sujetos de cambio, activos, y así es que como interactuamos con nuestros hermanos y hermanas en el trabajo cotidiano de organización y agitación.

Estar con el pueblo es fácil” prosigue Berneri, “si se trata de gritar: !Viva! !Abajo! !Adelante! !Viva la Revolución!, o si se trata simplemente de luchar.“, Pero no es tan fácil cuando se trata de influir en las luchas y organizaciones en que participamos activamente con una perspectiva coherente y estratégica, que de un sentido de largo aliento al quehacer cotidiano que desarrollamos. “Pero llega el momento en el que todos preguntan: ¿Qué hacemos? Es necesario dar una respuesta. No para hacer de jefe, sino para que la gente no los cree“. No basta que el pueblo no cree sus jefes. Por nuestra propia experiencia, sabemos que la gran tragedia de los movimientos populares es que la pura ausencia de jefes no es suficiente, ya que la negación del principio autoritario debe, necesariamente, verse reflejada en una afirmación de un nuevo orden de cosas para ser de algún provecho. Hay que mirar tan sólo las experiencias recientes de Bolivia y Argentina; de carecerse de un programa que entregue una salida global a la crisis capitalista, no hay más alternativa que volver al status quo. Y las masas preferirán, una y otra vez, los jefes, a una situación de crisis sin capacidad de resolución.

“Táctica única” quiere decir uniforme y continua. La Plataforma ha llegado a la “táctica única” por la simplificación del problema de la acción anarquista en el seno de la revolución“. Con estas palabras, abre el párrafo que termina su artículo sobre la Plataforma. La interpretación que hace del principio de la “Unidad Táctica” no deja de ser sorprendente de una mente abierta y brillante en muchos casos como la de Berneri: afirmar la Unidad de Tácticas no es más que afirmar la necesidad de dar coherencia y efectividad a la acción anarquista en un contexto determinado. Se trata de un principio con lo que la Plataforma trata, no de un conjunto determinado de tácticas específicas. No hay, por tanto, señal de “uniformidad”, ni menos de dar a las tácticas un sentido eterno, como se insinúa con adjetivarlas como “continuas”; los militantes de cada contexto, sea éste histórico o geográfico, se darán sus propias tácticas como estimen convenientes, pero entre ellos han de darse la coherencia necesaria para que su acción sea tan efectiva como sea posible. Como dice un viejo proverbio haitiano, el perro tiene cuatro patas, pero camina en una sola dirección. Y no se trata de “simplificar” el problema de la acción anarquista, sino que de lo que se trata es de simplificar, precisamente, la acción de los anarquistas para canalizarla mejor en la búsqueda de la estrategia común.

Para finalizar este artículo, es necesario plantear que, ciertamente, el contexto de descomposición del movimiento libertario, además de una pésima traducción disponible de la Plataforma en francés (traducción hecha por Volín, adversario del proyecto político contenido en ella, que se esmeró en hacer una traducción tan tendenciosa como fuera posible), pueden haber contribuido a la caracterización que Berneri hace de ella. Pero en el camino se revelan ciertas inconsistencias de fondo, que creemos necesario discutir, pues aún son moneda corriente en ciertos medios anarquistas y explican ciertas debilidades e inconsistencias en nuestro accionar en el último medio siglo, por lo menos. Las críticas particulares de este artículo no creo desmerezcan la obra de crítica de Berneri, sobre todo en el sentido en que planteó interrogantes interesantes y necesarias para el movimiento libertario, en la medida en que combatió los apriorismos y criticas simplistas a otras corrientes políticas y en la medida en que sus artículos sobre la fase constructiva de la revolución (particularmente frente al tema del federalismo) mantienen una importancia enorme que debe ser reconocida por cualquier anarquista. Sin embargo, su opinión frente a la discusión sobre organización que se desarrolló en esos años por la influencia de la Plataforma, refleja el lado flaco de, incluso, algunos de los teóricos más brillantes del movimiento libertario, y es cómo cristalizar en un sentido orgánico la trayectoria histórica del movimiento libertario, con un proyecto constructivo para el futuro, y con un medio organizativo adecuado a los fines libertarios, que sintetice eficacia con anti-autoritarismo de la manera más armónica posible. No somos pocos los que hoy, en la práctica, estamos buscando una respuesta afirmativa a esta necesidad, y con aciertos y desaciertos, vamos abriendo un camino y aportando nuestra granito de arena en la magna lucha por la emancipación.

Marzo, 2005

 

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