Los Caminos del Poder “Proletario” – Nestor Makhno

LOS CAMINOS DEL PODER “PROLETARIO”

Nestor Makhno

 

Hace ya mucho tiempo que la intelectualidad socialista de vanguardia formuló de manera más o menos definitiva, los fines de la lucha histórica del proletariado contra la burguesía y que los proletarios, adoptando sin pega alguna esta formulación de la intelectualidad, se pondrían bajo su dirección en esta lucha. Esto fue un triunfo indiscutible para la intelectualidad que se dio como fin llevar al proletariado a la emancipación completa por la destrucción del poder y del Estado burgués, para después hacer sitio a un Estado y un poder “proletario”.

Muy naturalmente, ni la intelectualidad ni el mismo proletariado escatimaron esfuerzos y conocimientos para demostrar delante de todos el daño cometido por el Estado burgués. Gracias a esto pudieron desarrollar y reforzar entre las masas trabajadoras la idea de un poder “proletario” que debería resolver todos sus problemas. Según esta idea, el proletariado utilizaría así, a través de su poder y del Estado de clase, el único medio existente, para él y otras clases, para liberarse de la burguesía e instaurar un principio igualitario y libre en las relaciones entre los hombres. Tal predestinación del poder “proletario” nos pareció siempre, a nosotros los anarquistas, groseramente errónea.

Nuestros camaradas de los tiempos pasados constantemente se opusieron a esta idea y demostraron el craso error cuando éstos distinguían el poder “proletario” del poder de Estado en general, designando al primero una misión que era profundamente extraña para él.

Los socialistas estatistas siguieron sin embargo siendo fieles a su escuela autoritaria y es con este significado con el que detuvieron la Gran Revolución Rusa, revolución de una profundidad y una amplitud sociales aún desconocidas hasta ahora. Nosotros, los anarquistas, nos opusimos a su perspectiva equivocada sobre el destino de poder “proletario”. En el curso de esta polémica, demostramos a los partidarios del estatismo de todo Estado, sea burgués o proletario, que tiende por su misma naturaleza a explotar al hombre, a destruir en cada uno todas las cualidades naturales del espíritu humano que impulsan a la libertad y a la solidaridad que la funda. Esto nos valió por parte de los socialistas estatistas un odio todavía más grande. Ahora bien, la existencia y la práctica del poder proletario en Rusia tienen que confirmar y confirman constantemente la sinceridad de nuestro análisis. El Estado “proletario” dejó cada vez más su naturaleza al desnudo y demostró que su carácter proletario era simple ficción, lo que los proletarios pudieron comprobar desde los primeros años de la revolución, ya que ellos mismos contribuyeron a instalarlo. El hecho de que el poder “proletario” en el curso de su degeneración demostrara no ser más que un simple poder de Estado, se volvió indiscutible y no pudo disimular más su verdadera cara. Por su práctica, probó de manera clara que sus fines y los de la Gran Revolución rusa no tenían absolutamente nada en común. Durante todos estos años de hipocresía no pudo someter pacíficamente los fines de la revolución rusa y se enfrentó a sangre y fuego con los que amenazaban con desmaquillar su verdadera esencia – una herida inmensa y purulenta sobre el cuerpo de la revolución -, entre los que la cobardía y la picardía les llevan a la muerte y a la devastación de todos sin excepción, en primer lugar a los que intentan ser independientes y actuar libremente. Podemos preguntarnos: ¿Cómo puede haber ocurrido esto? Según Marx y Lenin, el poder “proletario” no debía en ningún caso parecerse al poder burgués. ¿Una parte de la vanguardia del proletariado no tendría parte de responsabilidad en este resultado?

Numerosos anarquistas son propensos a pensar que el proletariado no está allí para nada, habiendo sido engañado por la casta de los intelectuales socialistas, los cuales aspirarían, en el curso de una serie de acontecimiento puramente socio-históricos y en virtud de lógicas de las transformaciones estatales inevitables, a reemplazar el poder de la burguesía por el suyo. Esto sería por la razón que la intelectualidad socialista se esforzaría por dirigir sin interrupción la lucha del proletariado contra el mundo capitalista y burgués.

A mi parecer, esta formulación no es completamente exacta ni verdaderamente suficiente. La experiencia revolucionaria de Rusia nos provee de abundantes dadas objetivas para este sujeto. Nos muestra de modo irrefutable que el proletariado no fue homogéneo de ninguna manera en el curso de la revolución. Así, el proletariado urbano, cuando participó en la caída en numerosas ciudades del poder del enemigo de clase – la burguesía -, dudó un momento entre las vías de la revolución de Febrero y de Octubre de 1917. Es sólo después de un cierto tiempo, a consecuencia de la victoria militar de Octubre sobre Febrero, que una parte importante del proletariado urbano ha comenzado a unirse con una parte de sus hermanos, los partidarios directos de las conquistas de Octubre. Pronto, esta parte del proletariado no sólo se olvidó de defender sus conquistas, sino que se dio más prisa en unirse al Partido Bolchevique y al poder, a los que supo halagar inmoderadamente y quienes le inculcaron un gusto por los privilegios políticos, económicos y jurídicos de clase. Inspirada en sus privilegios de clase, esta parte del proletariado juró un amor eterno a su “Estado proletario de clase”. Desde luego, el partido socialdemócrata bolchevique lo sostuvo totalmente y animó en esta evolución, porque ésta abría ante él una ancha palestra para aplicar su programa que consistía en utilizar la lucha revolucionaria práctica del proletariado para someter a éste en conjunto después de apoderarse en nombre del poder de Estado; al hacer camino, para distinguirse mejor, el partido social demócrata bolchevique se transformó en el partido “Comunista Bolchevique”, no privándose de ninguna manera de usar de la demagogia más descarada, no despreciando ningún medio, no dudando si es preciso en robar programas de otras formaciones políticas; todo esto con en el fin único de atraerse mejor al proletariado, al cual prometía su ayuda segura, mientras que en realidad avanzaba sólo hacia su propio fin. Es en esto que este partido encarnó lo mejor posible las esperanzas históricas de la casta intelectual: Remplazar el poder de la burguesía y ejercer este poder a cualquier precio. Una parte del proletariado no se opuso a su visión, muy al contrario, se reconoció en sus acciones y se hizo a cómplice.

Esta parte del proletariado, sin embargo, fue educada durante generaciones con la idea que el proletariado se emanciparía de la burguesía sólo cuando quebrantara su poder, destruyera su organización estatal con el fin de edificar la suya propia. Pero a pesar de esto, esta parte del proletariado ayudó al partido bolchevique-comunista a organizar su “poder proletario” y a edificar su Estado de clase.

El camino y los medios empleados no tardaron en volver a esta parte del proletariado semejante en todos los aspectos a la burguesía derribada, también cínica y arrogante, no temiendo abusar de la violencia más feroz para imponer su dominación en el pueblo y la revolución.

Esta violencia era totalmente natural en la casta intelectual del partido, porque fue preparada durante años largos para utilizarla y se embriagó. En cuanto a la masa del proletariado – el esclavo mudo de ayer – la violencia ejercida sobre sus semejantes le era profundamente extraña. Ocupada en edificar su “Estado de clase”, una parte del proletariado ha sido señalada a comportarse así, mediante el uso de la violencia de manera repugnante contra la libertad individual, la libertad de palabra y de expresión de toda organización revolucionaria, cuando éstas discrepaban con la desfachatez del “poder proletario”. Esta parte del proletariado se apresuró a ocupar, bajo la dirección del partido bolchevique comunista, los lugares dejados vacantes por los déspotas de la burguesía derribada, haciéndose a su vez una ama tiránica, no dudando en hacer uso de la violencia más horrible, sin ninguna discreción, contra todos aquellos que se oponían a sus intenciones. Este comportamiento ha sido al mismo tiempo hábilmente enmascarado por la “defensa de la revolución”.

Esta violencia ha sido sobre todo ejercida sobre el cuerpo de la revolución rusa en provecho de los intereses limitados de una parte del proletariado y del partido bolchevique-comunista, y en nombre de su dominación completa sobre todas las demás clases trabajadoras. No podemos ver solamente allí un extravío pasajero del proletariado. Una vez más, podemos comprobar con mucha nitidez cómo todo poder de Estado manifiesta sin tapujos su naturaleza, el calificativo de proletario que no cambia absolutamente nada.

A mi modo de ver, es por todas estas razones que todos los camaradas extranjeros, que no conocieron esta experiencia, deben estudiar con cuidado todas las etapas de la revolución rusa, en particular el papel que jugaron el partido bolchevique-comunista y la parte del proletariado que lo siguió. Esto con el fin de abstenerse de caer en los mismos errores, en consecuencia de la demagogia desvergonzada de los bolcheviques y sus partidarios, a propósito de la utilidad del “poder proletario”.

También es cierto que la lucha actual de todos nuestros camaradas contra la mentira bolchevique, debe por lo tanto, llevarse a cabo con la ayuda de conocimientos importantes de lo que pueden proponer ellos a las masas en lugar de este “poder proletario”. Los bellos eslóganes no bastan, aunque a menudo no dejen a la masa indiferente. Esta lucha se hace a partir de situación concretas y hace plantearse continuamente las cuestiones vitales y urgentes: ¿Cómo y que medios de acciones sociales deben emplear las masas trabajadoras para emanciparse totalmente?

Conviene responder a tales cuestiones lo más directamente posible y con la claridad más grande. Es una necesidad esencial, no sólo para poder llevar una lucha activa contra el mundo capitalista y burgués, sino también para nuestro movimiento anarquista, porque es de ella de quien dependerá la influencia de nuestros idea sobre el principio y el fin de esta lucha. Esto significa pues que el proletariado no debe repetir el error cometido por sus hermano de Rusia, es tiene decir no tiene que ocuparse de organizar un ” poder proletario ” bajo la dirección cualquiera de un partido llamado a sí mismo “proletario”, sino de únicamente organizar la satisfacción de las necesidades de todos ellos y de defender la revolución contra todo tipo de poder de Estado.

Probouzdénié, n°18, Enero 1932, pp.45-48.

Traducción de Jordi Rey.

Source: Translator

 

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