El Gran Octubre en Ucrania – Nestor Makhno

EL GRAN OCTUBRE EN UCRANIA

Nestor Makhno

 

El mes de octubre de 1917 marca un antes y un después en la Revolución rusa. Se trata del despertar de los trabajadores del campo y la ciudad por su derecho a tomar el control sobre sus propias vidas y lo que les correspondía en herencia: la tierra, la vivienda, las fábricas, las minas, los transportes y por último la educación, que había sido usada hasta entonces para expropiar a nuestros antecesores de todo lo anterior.

Sin embargo, seríamos estrechos de miras si viéramos todo el contenido de la revolución rusa concentrado en Octubre: en realidad, se incubó en los meses precedentes, período durante el cual los trabajadores del campo y la ciudad tomaron conciencia. De hecho, la revolución de febrero de 1917 supuso para ellos un símbolo de su liberación social y política. Sin embargo, rápidamente se dieron cuenta de que la revolución de febrero, tal y como evolucionaba, tomaba la forma degenerada propia de la burguesía liberal y, como tal, era incapaz de emprender un proceso de regeneración social. Con lo cual los trabajadores de inmediato rompieron amarras con febrero y se desligaron de sus objetivos y aspectos pseudo-revolucionarios.

En Ucrania, su actividad tuvo dos facetas.

Por un lado, el proletariado urbano, debido tanto a la escasa influencia de los anarquistas como a la falta de información sobre los programas políticos reales en relación a los problemas internos del país, consideró que aupar a los bolcheviques al poder constituía una medida inmediata imprescindible para la continuidad de la revolución, si quería vencerse a la conjunción de los socialrevolucionarios con la burguesía.

Por otro, en el campo, y especialmente en el área de Zaporozhe, donde la autocracia nunca había conseguido extirpar por completo el ansia de libertad, el campesinado revolucionario consideró que su tarea más inmediata y básica debía ser proceder a la acción directa revolucionaria que les desembarazara lo más rápidamente posible de los “pomeshchiks” y los “kulaks” (terratenientes), estando convencidos de que esta liberación aceleraría su victoria sobre la coalición social-burguesa.

Esta es la razón por la que los campesinos ucranianos pasaron a la ofensiva, apoderándose del armamento de la burguesía (particularmente en ocasión de la marcha sobre Petrogrado del general golpista Kornilov en agosto de 1917) y negándose después a pagar el segundo impuesto anual a los grandes terratenientes y “kulaks” (de hecho, los agentes de la coalición intentaron arrebatar la tierra a los campesinos y devolvérsela a los propietarios, alegando la necesidad de mantener el status quo hasta la convocatoria de una Asamblea Constituyente que decidiría sobre el particular).

Los campesinos entonces se levantaron y se incautaron de las fincas y los bienes de los “pomeshchiks“, los kulaks, los monasterios y el Estado: una vez que hacían esto elegían comités locales para gestionarlos, cuidando también la coordinación entre las diversas aldeas y villas.

Un anarquismo instintivo guiaba sin duda los planes del campesinado de Ucrania, que daba rienda suelta a su indisimulado odio a toda autoridad estatal, un sentimiento acompañado de una clara voluntad emancipadora. Esta última es muy fuerte entre los campesinos: suele reducirse a, en primer lugar, prescindir de las autoridades burguesas como la policía, los magistrados enviados por las autoridades centrales… Esto se puso en práctica en muchas regiones de Ucrania. Hay montones de ejemplos de cómo los campesinos de Ekaterinoslav, Kherson, Poltava, Kharkov y la zona de Tavripol echaron a la policía de sus pueblos o les negaron el derecho a arrestar a nadie sin el visto bueno de los comités campesinos y las asambleas vecinales. Los policías se convirtieron de un modo tan simple en los ejecutores de las decisiones así tomadas por la colectividad. No pasó mucho tiempo sin que los magistrados fueran reducidos a tareas similares.

Los campesinos mismos se encargaban de juzgar todas las ofensas y disputas en asambleas vecinales o reuniones específicas, negando así todo derecho jurisdiccional a los magistrados nombrados por las autoridades centrales. Estos magistrados a veces contaban con tan poco aprecio que tenían que huir o esconderse.

Tal acercamiento de los campesinos a sus derechos individuales y sociales les inclinó a temer que el lema “todo el poder para los soviets” se convirtiera en “todo el poder para el Estado”: este miedo fue quizás menos evidente entre el proletariado urbano, que se hallaba más bajo la influencia de los socialdemócratas y bolcheviques.

Para los campesinos, el poder de los soviets locales significaba la conversión de estos organismos en unidades territoriales autónomas, sobre la base de la asociación revolucionaria y la autogestión socioeconómica de los trabajadores con la vista puesta en la construcción de una nueva sociedad. Equiparando tal construcción con ese lema, los campesinos lo aplicaron literalmente, extendiéndolo y defendiéndolo frente a las intromisiones de los socialdemócratas de derecha, los kadetes (liberales) y los contrarrevolucionarios monárquicos.

No había comenzado aún Octubre cuando los campesinos empuñaron las armas en muchas regiones para negarse a pagar las rentas agrícolas a los “pomeshchiks” y los “kulaks” y habiendo expropiado sus tierras y bienes poniéndolos bajo el control de la colectividad, enviaron delegados al proletariado urbano para llegar a algún acuerdo con ellos relativo a la incautación de las fábricas y demás empresas, con el objetivo de establecer con ellos relaciones fraternas y, conjuntamente, construir la nueva sociedad de los trabajadores libres.

En este momento, la aplicación práctica de las ideas del “Gran Octubre” no había sido aún promovida por aquellos que más tarde la suscribirían, los bolcheviques y los socialrevolucionarios de izquierda: por el contrario, había sido criticada crudamente por sus grupos, organizaciones y comités centrales. Por otra parte, por lo que respecta a los campesinos, el Gran Octubre y especialmente el papel que se le ha conferido en la cronología política, les parecía más bien un capítulo que hacía tiempo habían superado.

Durante los acontecimientos de Octubre, el proletariado de Petrogrado, Moscú y otras grandes ciudades, así como los soldados y campesinos de los pueblos cercanos a ellas, bajo la influencia de los anarquistas, los bolcheviques y los socialrevolucionarios de izquierda, se limitaron a regularizar y dar una articulación política más precisa a aquello que el campesinado revolucionario de muchas áreas de Ucrania había comenzado a hacer desde el mes de agosto y disfrutaron de unas condiciones altamente favorables contando, como era ahora el caso, con el apoyo del proletariado urbano.

Las repercusiones de la versión proletaria de Octubre llegaron a Ucrania mes y medio más tarde. La intención oculta fue evidente tan pronto como empezaron a llegar los llamamientos de los delegados de los soviets y los partidos, tras los cuales vinieron los decretos del Comisariado de los Soviets del Pueblo, al que los campesinos de Ucrania hicieron oídos sordos, por no haber tomado parte de modo alguno en sus decisiones.

Fue entonces cuando grupos de Guardias Rojos se presentaron en Ucrania, procedentes en su mayoría de Rusia, atacando los pueblos y centros de comunicaciones controlados por los cosacos del Consejo Central de Ucrania. Éste estaba tan infectado de chovinismo que no era capaz de comprender que la población trabajadora del país podía relacionarse con sus hermanos de Rusia ni, sobre todo, apreciar el espíritu revolucionario ampliamente extendido entre el pueblo trabajador que estaba dispuesto a luchar por su independencia política y social.

Al ofrecer este análisis del Gran Octubre con ocasión de su décimo aniversario, tenemos que remarcar que acreditamos que en Ucrania se estaba en perfecta consonancia, a fines de 1917, con las acciones de los trabajadores revolucionarios de Petrogrado, Moscú y otras grandes ciudades de Rusia.

Al tiempo que damos nota de la fe y el entusiasmo revolucionario desplegado por los campesinos de Ucrania desde mucho antes de Octubre, tenemos en alta consideración la determinación y el vigor demostrado por los trabajadores, campesinos y soldados rusos durante los acontecimientos de Octubre.

Al rememorar el pasado, no podemos dejar de hacer alusión al presente, ya que se encuentra ligado a Octubre de un modo u otro. También, no podemos por menos que expresar nuestra profunda pena ante el hecho de que, tras diez años, las ideas expresadas en Octubre sean aún motivo de irritación para la misma gente que tiene el poder y gobierna en Rusia en nombre de esas mismas ideas.

Expresamos nuestra entristecida solidaridad a aquellos que lucharon por el triunfo de Octubre y hoy se pudren en los presidios y los campos de concentración. Sus sufrimientos bajo la tortura y el hambre han llegado hasta nosotros y nos llevan a sentir una profunda pena ante este décimo aniversario de Octubre, en lugar de alegría.

Es nuestro deber revolucionario alzar nuestras voces una vez más para gritar sobre las fronteras de la URSS: “¡Dad a los hijos de Octubre su libertad, devolvedles su derecho a organizarse y propagar sus ideas!

En ausencia de libertad y derechos para los trabajadores y los militantes revolucionarios, la URSS está aplastando y conduciendo a la muerte a lo mejor de sí misma. Sus enemigos están complacidos por ello y se están preparando mundialmente para, por todos los medios, extirpar la revolución y, con ella, a la URSS.

Delo Truda N°29, Octubre 1927, pp. 9-11.

Traducido por Manu García

 

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