El Abecedario del Anarquista Revolucionario – Nestor Makhno

EL ABECEDARIO DEL ANARQUISTA REVOLUCIONARIO

Nestor Makhno

El Anarquismo es la vida libre y la obra creativa del hombre. Es la destrucción de todo lo que está en contra de estas aspiraciones naturales y sanas del hombre.

El anarquismo no es una enseñanza exclusivamente teórica, a partir de programas desarrollados artificialmente con el fin de definir el camino; es una enseñanza trazada a partir de la vida, a través de todas sus manifestaciones, ignorando todas las normas artificiales.

El rostro social y político del anarquismo es una sociedad libre, anti-autoritaria, que establece la libertad, la igualdad y la solidaridad entre todos sus miembros.

La Ley, en el anarquismo, es la responsabilidad del individuo, lo que conduce a una verdadera garantía de la libertad y la justicia social para todos y cada uno, en todas partes y en todos los tiempos. Aquí es donde nació el comunismo.

El anarquismo surge naturalmente en los seres humanos; el comunismo, entonces, es su desenvolupamiento lógico.

Estas afirmaciones deberán ser justificadas en teoría mediante el análisis científico y de datos concretos, para así convertirse en los postulados fundamentales del anarquismo. Sin embargo, los grandes teóricos libertarios, como Godwin, Proudhon, Bakunin, Johann Most, Kropotkin, Malatesta, Sébastien Faure y muchos otros, no quisieron – al menos es lo que yo creo – limitar la doctrina en unos marcos rígidos y definitivos. Por el contrario, podemos decir que el dogma científico del anarquismo es la aspiración para demostrar que es inherente en la naturaleza humana el no contentarse jamás de sus conquistas. Lo único que no cambia en el anarquismo científico es la tendencia natural a rechazar todas las cadenas y cualquier explotación del hombre por el hombre. En lugar de las cadenas y la esclavitud establecida en la sociedad humana actualmente – que, por cierto, el socialismo no puede ni podrá eliminar – el anarquismo siembra la libertad y el derecho inalienable del hombre para hacerlo.

Como anarquista revolucionario, he participado en la vida del pueblo ucraniano durante la revolución. El pueblo sintió instintivamente a través de su actividad la exigencia vital de las ideas anarquistas y también ha sufrido su trágico destino. Yo conocí, sin cesar, las mismas dificultades dramáticas de esta lucha colectiva, pero a menudo me encontré incapaz de comprender y por tanto de formular las exigencias del momento. En general, yo me puse al dia rápidamente y me di cuenta de que claramente el propósito de mis compañeros y yo, era que estabamos llamados a luchar directamente asimilados por la masa que luchó por la libertad y la independencia del individuo y de la Humanidad entera.

La experiencia de la lucha práctica ha fortalecido mi convicción de que el anarquismo enseña de una manera viva al hombre. Es una enseñanza tan revolucionaria como la vida, es igualmente variada y de gran alcance en sus manifestaciones que la vida creativa del hombre y, de hecho, se indentifica con ella íntimamente.

Como anarquista revolucionario, y mientras tenga un lazo con esta calificación, te llamaré a ti, hermano humillado, a la lucha por la realización del ideal anarquista. En efecto, sólo por esta lucha por la libertad, la igualdad y la solidaridad comprenderás el anarquismo.

El anarquismo existe, por lo tanto, naturalmente en los seres humanos: lo emancipa históricamente de la psicología servil – adquirida artificialmente – y le ayuda a hacerse un combatiente consciente contra la esclavitud bajo todas sus formas. Es en esto que el anarquismo es revolucionario.

Cuanto el hombre se da cuenta, mediante la reflexión, de su situación servil, más se indigna con eso, y el espíritu anarquista de libertad, de voluntad y de acción se encaja en él. Esto concierne a cada individuo, hombre o mujer, hasta si jamás ha oido hablar de la palabra “anarquismo”.

La naturaleza del hombre es anarquista: se opone a todo lo que tiende a encarcelarlo. Esta esencia natural del hombre, creo yo, se expresa en el término científico de anarquismo. Éste, como ideal de vida del hombre, desempeña un papel significativo en la evolución humana. Los opresores, al igual que los oprimidos, comienzan poco a poco a observar este papel; también, los primeros aspiran por todo los medios a deformar este ideal, mientras que los segundos aspiran, ellos, a hacerlos más fáciles de entender.

La comprensión del ideal anarquista en casa del esclavo y el dueño crece con la civilización moderna. A pesar de que ha intentado adormecer y bloquear toda tendencia natural del hombre de protestar contra todo ultraje a su dignidad, no pudo imponer silencio a los espíritus científicos independientes que desnudaron la procedencia verdadera del hombre y demostraron la inexistencia de Dios, considerado antes como el creador de la Humanidad. Como consecuencia, se volvió naturalmente más fácil probar de manera irrefutable el carácter artificial de las “unciones divinas” sobre tierra y de las relaciones denigrantes que se llevaban a cabo contra el hombre.

Todos estos acontecimientos considerablemente ayudaron al desarrollo consciente de las ideas anarquistas. También es verdad que concepciones artificiales vieron la luz en la misma época: el liberalismo y el socialismo supuestamente “científico”, de la que una de las ramas es representada por el bolchevismo-comunismo. No obstante, a pesar de toda su influencia inmensa sobre la psicología de la sociedad moderna, o por lo menos sobre la gran parte de ella, y a pesar de su triunfo sobre la reacción clásica de una parte, y sobre la personalidad del individuo, por otra parte, estas concepciones artificiales tienden a resbalar sobre la pendiente que lleva a las formas ya conocidas del viejo mundo.

El hombre libre, que toma conciencia y se da cuenta de lo que pasa alrededor de él, entierra y enterrará inevitablemente todo el pasado degradante de la Humanidad, así como con todo lo que con esto arrastra, el engaño, la violencia arbitraria y la humillación. Enterrará también estas enseñanzas artificiales.

El individuo se libera poco a poco, desde ahora, de la capa de mentiras y de cobardía entre las que le recubrieron desde su nacimiento los dioses terrestres, esto con la ayuda de la fuerza grosera de la bayoneta, del rublo, de la “justicia” y de la ciencia hipócrita – la de los aprendices de brujo.

Desembarazándose de tal infamia, el individuo alcanza la plenitud que le hace descubrir el sentido de la vida: observa allí en primer lugar su antigua vida servil y repulsiva de cobardía y de miseria. Esta vida antigua lo había matado, esclavizándolo, destruyendo todo lo que tenía de único y de valor al principio, para transformarlo en un borrego que balaba, propiedad de un dueño imbécil que patalea y desgarra todo lo que hay de bueno en uno mismo.

Es solamente en este momento en el que el hombre se despierta hacia la libertad natural, independiente de quienes o de quienes sean y que reduce a ceniza todo lo que le es contrario, todo lo que viola la pureza y la belleza cautivante de la naturaleza, la cual se manifiesta y crece a través de la obra creadora autónoma del individuo. Es sólo aquí cuando el hombre mismo vuelve a si mismo y condena para siempre su pasado vergonzoso, cortando con todo lazo psíquico que encarcelaba su vida individual y social, por el peso de su ascendencia servil y también, en parte, por su propia resignación, animada y aumentada por los chamanes de la ciencia.

Liberado de los dioses celestes y terrestres, así como de todas sus prescripciones morales y sociales, el hombre alza la voz y se opone en actos contra la explotación del hombre por el hombre y la recuperación de su naturaleza, la cual queda invariablemente atada la marcha hacia adelante, hacia la plenitud y la perfección. Este hombre rebelde que se ha dado cuenta de su situación y de la de sus hermanos oprimidos y humillados, se expresa desde ahora en adelante con su razón y corazón: Se hace un anarquista revolucionario, un solo individuo que pueda tener sed de libertad, de plenitud y de perfección tanto para él como para el género humano, aplastando con sus pies la esclavitud y la idiotez social que se encarnó históricamente por la violencia – el Estado.

Contra este asesino y bandido organizado, el hombre libre se organiza a su alrededor con sus semejantes, con vistas a reforzarse y de adoptar una orientación verdaderamente comunista en todas las conquistas comunes cumplidos sobre la vía creadora, a la vez grandiosa y penosa.

Los individuos miembros de tales grupos se emancipan por ahí de la tutela criminal de la sociedad dominante, en la medida en que ellos vuelven a ser ellos mismos, es decir, que rechazan todo servilismo hacia otros, que ellos hayan podido ser antes: obreros, campesinos, estudiantes o intelectuales. Así es como escapan de la condición de borrico, de esclavo, de funcionario o de lacayo que se vende a dueños imbéciles.

Como individuo, el hombre se acerca a su personalidad auténtica, rechaza y reduce a cenizas las ideas falsas sobre su vida, recobrando así todos sus verdaderos derechos. Es por este doble enfoque de rechazo y la afirmación por la cual el individuo se convierte en un revolucionario anarquista y un comunista consciente.

Como ideal de vida humana, el anarquismo se muestra conscientemente en cada individuo como una aspiración natural del pensamiento hacia una vida libre y creadora, conduciendo a un ideal social de felicidad. En nuestro siglo, la sociedad anarquista o la sociedad armoniosa no aparece más como una utopía. Sin embargo, tanto su elaboración como su organización practica, su concepción parece todavía poco evidente.

En tanto que la enseñanza lleva en una vida nueva del hombre y de su desarrollo creativo, tanto en el plano individual como en el social, la misma idea del anarquismo se funda sobre la verdad indestructible de la naturaleza humana y sobre las pruebas indiscutibles de la injusticia de la sociedad actual – herida verdadera y permanente. Esta comprobación conduce su partidarios – los anarquistas – a encontrarse en una situación a medias o totalmente ilegal enfrente de las instituciones oficiales de la sociedad actual. En efecto, el anarquismo no puede ser reconocido como completamente legal en ningún país; esto se explica por su servidor y dueño: el Estado. La sociedad allí está completamente disuelta; todas sus funciones y asuntos sociales son transferidos a las manos del Estado. El grupo de personas que parasitó siempre a la Humanidad, construyéndole “zanjas” en su vida, se identificó así con Estado. Qué esto sea individualmente o en masa innumerable, el hombre se encuentra a la merced de este grupo de holgazanes que se hace llamar “gobernantes y dueños”, mientras que son en realidad más que simples explotadores y opresores.

Es a los tiburones que embrutecen y someten el mundo actual, sean gobernantes de derecha o de izquierda, burgueses o socialistas estatistas, a los que la gran idea de anarquismo no gusta de ninguna manera. La diferencia entre estos tiburones consiste en que los primeros son unos burgueses declarados – por consecuentes menos hipócritas –, mientras que los segundos, los socialistas partidarios del estatismo de todas clases, y sobre todo entre ellos los colectivistas que indebidamente se agenciaron el nombre de comunistas, a saber los bolcheviques, se camuflan hipócritamente bajo las palabras de “fraternidad y de igualdad”.

Los bolcheviques están dispuestos a repintar mil veces la sociedad actual o a cambiar mil veces la denominación de los sistemas de dominación de unos y de esclavitud de otros, a modificar las denominaciones según las necesidades de sus programas, sin cambiar por eso una nota de la naturaleza de la sociedad actual, con riesgo de trazar en sus programas estúpidos de los compromisos a las contradicciones naturales que existen entre la dominación y la servidumbre. Aunque ellos saben que estas contradicciones son insalvables, las mantienen sin embargo, con el solo fin de no dejar aparecer en la vida el solo ideal humano verdadero: el comunismo-anarquismo.

Según su programa absurdo, los socialistas y los comunistas estatistas decidieron “permitirle” al hombre ser libre socialmente, sin que sea posible por ello manifestar este libertad en su vida social. En cuanto a dejar al hombre emanciparse de manera espiritual totalmente, de modo que sea totalmente libre de actuar y de someterse únicamente a su propia voluntad y siguiendo las leyes naturales, aunque toquen poco a este sujeto, él no sabría para ellos ser de esa cuestión. Es la razón por la cual les unen sus esfuerzos con los burgueses con el fin de que esta emancipación jamás pueda escapar de su tutela odiosa. De todas formas, sobre la “emancipación” otorgada por un poder político cualquiera, sabemos bien en lo sucesivo cual aspecto se debe recubrir.

A la burguesía, el presente le parece bastante adecuado, porque todo los poderosos se inclinan ante ella: reyes, presidentes, gobiernos y la casi totalidad de los intelectuales y sabios, todos aquellos que someten a su vez a los esclavos de la sociedad nueva… Para ella, en estas condiciones, ¡La vida sólo puede ser bella!

“No, no estamos de acuerdo con ustedes sobre este punto”, claman los socialistas estatistas y comunistas. Se dirigen a los trabajadores, los organizan en partidos políticos y los alientan a rebelarse con el siguiente discurso: “Téneis que echar a los burgueses del poder del Estado y entregarnoslo a nosotros, los socialistas estatistas y comunistas, entonces nosotros os defenderemos y os liberaremos”.

Enemigos encarnizados y naturales del poder del Estado, mucho más que los holgazanes y los privilegiados, los trabajadores expresan su odio, se sublevan haciendo la la revolución, destruyen el poder de Estado y acaban con sus beneficiarios, luego, sea por ingenuidad o por falta de vigilancia, dejan a los socialistas apoderarse de eso.

En Rusia, dejaron a los bolcheviques-comunistas acapararloselo. Estos viles hipócritas, estos monstruos y verdugos de la libertad se echaron entonces a degollar, a fusilar y a aplastar a la gente, incluso a los desarmados, exactamente igual como antes hicieron los burgueses, si no peor. Fusilan para someter el espíritu independiente, sea individual o colectivo, con el fin de aniquilar para siempre en el hombre el espíritu de libertad y la voluntad creadora, de hacerlo un esclavo espiritual y lacayo físico de un grupo de malvados instalados en el lugar del trono caído, no dudando en utilizar a sicario) para subordinar la masa y eliminar a los disidentes.

Deseando con ansia defender su derecho ala vida, a la libertad y a la felicidad, el hombre quiere manifestar su voluntad creadora agregándose al remolino de violencia. Delante de la salida incierta de su combate, tiende a veces a bajar los brazos delante de su verdugo, en el mismo momento cuando éste pasa el nudo corredizo alrededor del cuello, esto mientras que un única mirada audaz suya baste para asustar al verdugo y quitarse toda la carga del yugo. Desgraciadamente, el hombre prefiere cerrar muy a menudo los ojos en el mismo momento cuando el verdugo pasa un nudo corredizo sobre su vida entera.

Sólo el hombre que consiguió desembarazarse de las cadenas de la opresión y observó todos los horrores que se cometían contra el género humano, puede estar convencido de que su libertad y la de su semejante son inviolables, lo mismo que sus vidas, y que su semejante es un hermano. Si está dispuesto a conquistar y defender su libertad, a exterminar a todo explotador y todo verdugo (si éste no abandona su profesión cobarde) y después no tiene por objetivo en su lucha contra el mal de la sociedad contemporánea reemplazar el poder burgués por otro poder también opresor – socialista, comunista o “obrero” (bolchevique) –, y quiere instaurar una sociedad realmente libre, organizada a partir de la responsabilidad individual y que garantiza a todos una libertad auténtica y una justicia social igual para ellos todos, este hombre es un anarquista revolucionario. Puede mirar sin temor los actos del Estado verdugo y recibir si es necesario su veredicto, y también enunciar el suyo si llega la ocasión declarando: “¡No, no debes seguir así! ¡Rebélate, hermano oprimido! ¡Sublévate contra todo poder del Estado! ¡Destruye el poder de la burguesía y no le reemplaces por el de los socialistas y los bolcheviques-comunistas, suprime todo poder de Estado y echa a sus partidararios, porque jamás encontrarás a amigos entre ellos!”

El poder de los socialistas o los comunistas estatistas es tan nocivo como el de la burguesía. Incluso puede serlo incluso más, hacen sus experimentos con la sangre y la vida de los hombres. En este momento, no tarda en reunir a hurtadillas a las primicias del poder burgués; no teme más entonces recurrir a los peores medios engañando todavía más que el otro poder.

Las ideas del socialismo o el comunismo de Estado se vuelven hasta superfluas: se sirven de ellas y se acercan a todas las que pueden servir agarrarse al poder. En resumidas cuentas, sólo emplean medios nuevos para perpetuar la dominación y un devenir más cobarde que la burguesía, ya que ésta cuelga el revolucionario públicamente, mientras que el bolchevismo-comunismo, lo mata y lo ahoga a escondidas.

Toda revolución que puso frente a frente a la burguesía y los socialistas o comunistas de Estado demuestra bien lo que acabo de afirmar, en particular si se considera el ejemplo de las revoluciones rusas de Febrero y de Octubre de 1917. Habiendo derribado el Imperio Ruso, las masas trabajadoras se sintieron, en consecuencia, con una media emancipación políticay aspiraron a acabar esta liberación. Entregaron las tierras, confiscadas a los grandes terratenientes y al clero, a los que los que las trabajaban o a los que tenían la intención de hacerlo sin explotar el trabajo de otros. En las ciudades, fueron las fábricas, las tipografías y otras empresas sociales que fueron tomadas por los que trabajaban en ellas. En el momento de estas realizaciones sanas y entusiastas, tendiendo a instaurar relaciones fraternales entre las ciudades y los campos, los trabajadores no quisieron observar que en Kiev, Jarkov y Petrogrado, nuevos gobiernos se instalaban.

A través de sus organizaciones de clase, el pueblo aspiraba a poner el fundamento de una sociedad nueva y libre por delante de eliminar, con toda independencia, todos los parásitos y todos los poderes de unos sobre otros, juzgados estúpidos y perjudiciales por los trabajadores.

Tal paso se confirmó claramente en Ucrania, en los Urales y en Siberia. En Tiflis, Kiev, Petrogrado y Moscú, el mismo corazón del poder moribundo, esta tendencia salió a la luz. No obstante, por todas partes y siempre, los socialistas y los comunistas de Estado tenían y todavía tienen numerosos partidarios, así como asesinos a sueldo. Entre éstos, desgraciadamente hay que comprobar que hay numerosos trabajadores. Con la ayuda de estos asesinos los bolcheviques acabaron con la obra del pueblo, y de una manera tan terrible que hasta la Inquisición de la Edad Media podría envidiarles.

En cuanto tiene nosotros, conociendo la naturaleza verdadera del Estado, les decimos a los guías socialistas y bolcheviques: “¡ Vergüenza debería tener! Usted que tanto escribió sobre la ferocidad burguesa con respecto a los oprimidos. Usted que defendió con tanto encarnizamiento la pureza revolucionaria y la devoción de los trabajadores en lucha para su emancipación y ahora, llegado al poder, usted se muestra como los viles lacayos de la burguesía o directamente, convertido en burgués utilizando sus recursos, incluso hasta el punto de que es sorprendente y gracioso”.

Por otra parte a través de las experiencias del bolchevismo-comunista, la burguesía ha comprendido, durante los últimos años, que la utopía científica de un socialismo estatal no podía ocurrir sin usar sus medios. Lo comprendió tan bien que se burla de sus alumnos que ni siquiera llegan a su altura.

Ha comprendido que, en el sistema socialista, la explotación y la violencia organizada contra la mayoría de la masa trabajadora no suprime de ninguna manera la vida corrompida y el parasitismo de los holgazanes, que de hecho la explotación cambia sólo de nombre luego y después crece y se refuerza.

Y esto es lo que la realidad nos confirma. Sólo hay que comprobar el robo de los bolcheviques y su monopolio sobre las conquistas revolucionario del pueblo, así como su policía, sus tribunales, las prisiones y los carceleros, todo empleado contra la revolución. ¡El Ejército Rojo continúa reclutando por la fuerza! Encontramos allí las mismas funciones que antes, aunque ahora se denominan de otro modo, siendo todavía más irresponsable y descarriadas.

El liberalismo, el socialismo y el comunismo de Estado son tres miembros de la misma familia que toman vías diferentes para ejercer su poder sobre el hombre, con el fin de impedirle alcanzar su total apertura hacia la libertad y la independencia creando un principio nuevo, sano y auténtico a partir de un ideal social válido para todo el género humano.

“¡Rebélate!”, declara al anarquista revolucionario al oprimido. “Sublévate y suprime todo poder sobre ti y en ti. Y no participes en crear uno nuevo. ¡Sé libre y defiende la libertad de otros contra toda agresión!”

El poder en la sociedad humana es sobretodo pregonado por los que verdaderamente no vivieron jamás de su propio trabajo ni tuvieron una vida sana, o bien, todavía, que no viven o no quieren vivir. El poder de Estado jamás podrá otorgar la alegría, la felicidad y la abertura a una sociedad, sea cual sea. Este poder ha sido creado por holgazanes con en el único fin de saquear y de ejercer su violencia, a menudo mortífera, contra ellos todos los que producen, por su trabajo – sea por la voluntad, la inteligencia o los músculos –, todo aquello que es útil y bueno en la vida del hombre.

Que este poder se cualifique de burgués, de socialista, de bolchevique-comunista, de obrero o de campesino, a la par es lo mismo: es también nocivo para la individualidad sana y feliz y para la sociedad en conjunto. La naturaleza de todo poder de Estado es en todas partes idéntica: aniquilar la libertad del individuo, transformarlo espiritualmente en lacayo, luego de servirse de eso para las tareas más sucias. No existe un poder inofensivo.

“¡ Hermano oprimido, acaba con el poder que hay en ti y no permitas que se instaure sobre ti ni sobre tu hermano, próximos o lejanos!”

La verdadera vida, sana y alegre, del individuo y de la colectividad no se construye con la ayuda del poder y de programas que intentan encerrarlo en fórmulas y leyes escritas. No, sólo puede edificarse a partir de la libertad individual, a partir de confirmarse su obra creadora e independiente, por las fases de destrucción y de construcción.

La libertad de cada individuo funda la sociedad libertaria; atendiendo su integridad por la descentralización y la realización del objetivo común: el comunismo anarquista.

Cuando nosotros representamos la sociedad comunista anarquista, la vemos como una sociedad grandiosa y armoniosa en sus relaciones humanas. Principalmente reposa en los individuos libres que se agrupan en asociaciones voluntarias – sea por interés, necesidad o por inclinación –, garantizando una justicia social igual para todos y uniéndose en federaciones y confederaciones.

El comunismo anarquista, es una sociedad que se funda sobre la vida libre de todo hombre, sobre su derecho intangible a un desarrollo infinito, sobre la supresión de todas las injusticias y de todos los dolores que entorpecen el progreso y el perfeccionamiento de la sociedad dividiendo la sociedad en clases, fuentes de la opresión y de la violencia de unos sobre otros.

La sociedad libertaria se da como objetivo hacer más bella y radiante la vida de cada uno, por medio de su trabajo, por medio de su voluntad y por medio de su inteligencia. En pleno acuerdo con la naturaleza, el comunismo anarquista se funda por consiguiente sobre la vida del hombre plenamente abierto, independiente, creativo y absolutamente libre. Es la razón para la cual sus partidarios aparecen en su vida como seres libres y radiantes.

El trabajo y las relaciones fraternales entre todos, el amor de la vida, la pasión de la creación bella y libre, todos estos valores motivan la vida y la actividad de los comunistas anarquistas. No necesitan prisiones, verdugos, espías y provocadores, utilizados en cambio en grandes número por los socialistas y comunistas estatistas. Por principio, los comunistas anarquistas no necesitan bandidos y asesinos, cuyo ejemplo y líder supremo es, a fin de cuentas, el Estado. ¡ Hermano oprimido! Prepárate para la fundación de esta sociedad allí, por medio de la reflexion y la acción organizada. Solamente, acuérdate que tu organización debe ser sólida y constante en su actividad social. El enemigo absoluto de tu emancipación es el Estado; se encarna lo mejor posible por la unión de los cinco tipos siguientes: el propietario, el militar, el juez, el sacerdote y el que es servidor de ellos todos, el intelectual. En la inmensa mayoría de los casos, este último se encarga de demostrar los derechos “legítimos” de sus cuatro dueño que condenan al género humano, que sistematiza la vida del hombre bajo todos sus aspectos individuales y sociales, esto deformando el sentido de las leyes naturales para codificar leyes “históricas y jurídicas”, obras criminales de escritores corruptos.

El enemigo es muy fuerte porque, desde hace milenios, vive de pillajes y de violencia; hechó mano de la experiencia, superó crisis internas y ahora adopta una nueva fisonomía, estando amenazado de desaparición por la aparición de una ciencia nueva que despierta al hombre de su sueño terrenal. Esta ciencia nueva libera al hombre de sus prejuicios y le abastece de armas para descubrirse él mismo y encontrar su verdadero lugar en la vida, a pesar de todos los esfuerzos de los aprendices de brujos de la unión de los “cinco” para impedirlo avanzar sobre esta vía.

Así, tal modificación de la cara de nuestro enemigo, hermano oprimido, puede ser observada, por ejemplo, en todo lo que sale del gabinete de los reformadores sabios del Estado. Pudimos observar de una manera característica esta metamorfosis en el momento de las revoluciones que nosotros mismos vivimos.

En realidad, nuestro enemigo no ha hecho más que cambiar de apariencia y descubrir nuevo aliados que obraron criminalmente contra nosotros: la lección de los bolcheviques-comunistas en Rusia, en Ucrania, en Georgia, entre otros muchos pueblos de Asia Central es un ejemplo de esta consideración. Esta época jamás será olvidada por el hombre que combate para su emancipación, porque éste sabrá recordar la pesadilla y el crimen que ocurrió allí.

Aunque la revolución social se desarrolla espontáneamente, la organización abre su vía, facilita la aparición de brechas entre los diques levantados contra ella y acelera su llegada. El anarquista revolucionario trabaja desde ahora en esta orientación. Cada oprimido que tiene sobre él el yugo, siendo consciente que este degradación aplasta la vida del género humano, debe ayudar al anarquista. Cada ser humano debe ser consciente de su responsabilidad y asumirlo hasta el fin suprimiendo de la sociedad a todos los verdugos y parásitos de la unión de los “cinco”, con el fin de que la Humanidad pueda respirar con toda libertad.

Cada hombre y sobre todo el anarquista revolucionario – como iniciador que llama a luchar por el ideal de libertad, de solidaridad y de igualdad – debe recordar que la revolución social exige para su evolución creadora unos medios adecuados, en particular los medios organizativos constantes, sobretodo durante período en el que destruye, en un alzamiento espontáneo, la esclavitud, y siembra la libertad, afirmando el derecho de cada hombre a un desarrollo libre ilimitado. Precisamente es el período cuando, sintiendo la libertad verdadera en ellos y alrededor, los individuos y las masas se atreverán a poner en práctica las conquistas de la revolución social, la que aquí experimentará la necesidad más grande de estos medios organizativos. Por ejemplo, los anarquistas revolucionarios desempeñaron un papel particularmente notable en el momento de la Revolución Rusa pero, no poseyendo los medios de acción necesarios, no pudieron llevar a cabo su papel histórico. Esta revolución nos demostró bien, por otra parte, la verdad siguiente: después de ser destruidas las cadenas de la esclavitud, las masas humanas no tienen la intención de ninguna manera de crear unas nuevas. Al contrario, durante períodos revolucionarios, las masas buscan formas nuevas de asociaciones libres que pueden no sólo responder a sus impulsos libertarios, sino que también sirven para defender sus experiencias cuando el enemigo las ataca.

Observando este proceso, hemos llegado a la conclusión de que las asociación más productivas y acertadas sólo podían ser las uniones-municipios, cuyos medios sociales son creados por la misma vida: los sovietes libres. Fundándose sobre la misma convicción, el anarquista revolucionario se echa en la acción con abnegación e incita a los oprimidos a la lucha por las acciones libres. Está convencido que no sólo hay que manifestar los principios organizativos fundamentales y createurs, sino que también hay que encontrar los medios de defender la vida nueva contra las fuerzas hostiles. La práctica muestra que esto debe ser realizado de la manera más firme y sostenida por las propias masas directamente.

Cumpliendo la revolución, guiadas por el anarquismo natural que hay en ellas, las masas humanas investigan las asociaciones libres. Las asambleas libres retienen siempre su simpatía. El anarquista revolucionario debe ayudarles a expresar lo mejor posible este paso. Por ejemplo, el problema económico de la asociación libre de los municipios debe encontrar su plena expresión por la creación de cooperativas de producción y de consumo, cuyos sovietes libres serían los promotores.

Es a través de los soviets libres, durante el desarrollo de la revolución social, la forma en que las masas se apoderarán directamente de todo el patrimonio social: la tierra, los bosques, las fábricas, los ferrocarriles y los transportes marítimos, etc., luego, reagrupándose según su intereses, afinidades o el ideal común, construirán su vida social de un modo más variado y adaptado a sus necesidades y deseos.

Está lucha será penosa; provocará a un gran número de víctimas, porque pondrá frente a frente, por última vez, a la Humanidad libre y el viejo mundo. No habrá lugar ni al titubeo ni al sentimentalismo. ¡Esto será la vida y muerte! Por lo menos así es como deberá concebirlo cada hombre que le importancia a sus derechos y a los de la Humanidad entera, si no quiere seguir siendo un borrico, un esclavo, como se le fuerza a ser actualmente.

Cuando el razonamiento sano y el amor tanto el propio como que se siente hacia los demás se ponga arriba en la vida, el hombre se hará el verdadero creador de su propia existencia.

Organízate, hermano oprimido, acude a todos los hombres del arado y del taller, del banco de la escuela, del instituto y de la universidad, sin olvidar al sabio y el intelectual en general, con el fin de que salga de su aposento y te apoye en tu camino penoso. Es verdad que nueve de cada diez intelectuales no podrán responder a tu llamamiento o bien, si lo hacen, será con con la intención de engañarte, porque no olvides que estos son de fieles servidores de la unión de los “cinco”. Habrá sin embargo uno de cada diez que se convertirá tu amigo y te ayudará a desbaratar el engaño de los otros nueve. En cuanto a la violencia física, la fuerza grosera los gobernantes legisladores, tú la eliminarás con tu propia violencia.

Organízate, llama a todos tus hermanos para reunir el movimiento y exige a todos los gobernantes de poner fin voluntariamente a su cobarde profesión de regentar la vida del hombre. Si se niegan, sublévate, desarma a los policías, a los milicianos y otros perros guardianes de la unión de los “cinco”. ¡Detén a todos todo los gobernantes, desgarra y quema sus leyes! ¡ Destruye las prisiones, aniquila la burocracia, suprime todo poder de Estado!

Numerosos sicarios y asesinos se encuentran en el ejército, pero tus amigos, los soldados movilizados por la fuerza, también están allí están presentes, llámales a ti, vendrán a ayudarte y te ayudarán a neutralizar a los mercenarios.

Después de habernos reunido totalmente en una gran familia, hermanos, iremos juntos sobre el ca,omp de la luz y del saber, alejaremos las tinieblas y marcharemos hacia el ideal común de la humanidad: la vida fraternal y libre, la sociedad donde nadie será esclavo ni será humillado por quienquiera que sea nunca más.

A la violencia ruda de nuestros enemigos, responderemos con la fuerza compacta de nuestro ejército revolucionario insurrecional. A la incoherencia y la arbitrariedad, nosotros responderemos construyendo con justicia nuestra nueva vida, teniendo como base la responsabilidad de cada uno, verdadera garantía de la libertad y de la justicia social.

Sólo los criminales sanguinarios de la unión de los “cinco” se negarán a unirse a nosotros en el camino hacia la vida nueva; intentarán oponerse a eso para conservar sus privilegios, con lo que ellos mismos se condenarán.

Viva esta convicción clara y firme en la lucha por el ideal de la armonía humana generalizada: ¡ La sociedad anarquista!

Probuzhdeniye, N°18, Enero de 1932, pp. 57-63 and N°19-20, Febrero-Marzo de 1932, pp. 16-20.

Traducción de Jordi Rey.

 

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